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lunes, 18 de junio de 2018

Bernarda Alférez, criptomusulmana, fundadora y patrona de la ermita delas Angustias de Nerja



Anotación de la solicitud de Bernarda Alférez del título de patrona de la ermita de las Angustias de Nerja. Archivo del Cabildo de la Catedral de Málaga. Acta del Cabildo de 16 de enero de 1720. Leg. 1041, fol.11


“MORISCOS, los convertidos de moros a la Fe catolica, y si ellos son Catolicos gran merced les ha hecho Dios, y a nosotros tambien.”
Sebastián de Covarrubias, Tesoro de la lengua castellana o española, 1611.

***


Es martes 16 de enero de 1720 y los canónigos que integran el cabildo de la catedral de Málaga y que temporalmente están a cargo del gobierno de la diócesis por encontrarse esta en sede vacante, se hallan reunidos en la Sala Capitular. Entre los asuntos a tratar figura la petición de una mujer viuda, Bernarda Alférez, que solicita para sí y sus descendientes el título de patrona de una ermita que dice haber construido a sus expensas junto a la puebla de Nerja para dar culto a la Virgen de las Angustias, san Nicolás de Bari y santa Bárbara, petición que el cabildo despacha sin mayores inconvenientes. 

Las obras de la ermita avanzan con rapidez y un mes más tarde, en febrero, cuando están concluidas, Bernarda Alférez se dirige por segunda vez al cabildo catedralicio para solicitar la bendición del santuario. De nuevo los canónigos acceden a la petición y ordenan al cura de Nerja llevarla a cabo según el ceremonial romano. 


Ermita de las Angustias de Nerja. Cartela con la fecha de bendición del santuario (foto del autor)


Por último, en agosto, escribe por tercera vez en ese año al cabildo para presentar la escritura, otorgada unos meses antes ante un escribano de Granada, ciudad en la que reside, por la que se obliga a sí misma y a sus sucesores al mantenimiento de la ermita con cargo a las rentas del ingenio de Nerja, del que son propietarios, y designa a los ermitaños para su nombramiento. De todo ello los canónigos se dan también por enterados y proceden a nombrar a los ermitaños propuestos por la patrona del nuevo santuario.

En el intervalo de siete meses Bernarda Alférez erige, consagra y goza del patronato de una ermita con la que contribuye a la difusión del culto a la patrona de Granada fuera de su ciudad; una fundación que, está convencida, le va a proporcionar un gran prestigio al convertirla en defensora de la fe y protectora de las artes[1]


La ermita de las Angustias de Nerja en el siglo XVIII (Reconstrucción virtual de Dori Castillo Delgado)


Pero, transcurridos unos años, la reputación alcanzada se hunde completamente al desencadenarse una serie de acontecimientos. Entre 1727 y 1731, la Inquisición granadina detiene, encarcela, enjuicia y condena a doscientas cincuenta personas criptomusulmanas, es decir, practicantes en secreto de la religión islámica. Bernarda Alférez es una de ellas[2].

Todo comienza en marzo de 1727 con la denuncia de un vecino de Granada y su mujer informando a la Inquisición de las actividades mahometanas de ciertos vecinos de la ciudad. El asunto es de suma gravedad por la cantidad e importancia de algunos de ellos. Contra lo que pueda creerse, no todos los moriscos que han ido aceptando la conversión forzosa al cristianismo como fórmula para poder quedarse en su país natal han abandonado el reino de Granada en las sucesivas expulsiones decretadas por distintos monarcas, la última de ellas ordenada en 1609 por el rey Felipe III. Algunos linajes granadinos colaboracionistas o colaboradores, castellanizados y conversos, permanecen en puestos de poder y mantienen su elevada categoría social; otros moriscos –cristianos nuevos– son autorizados a quedarse en el antiguo emirato y muchos más, cien años después, incluso, de la última expulsión, continúan viviendo en él o han regresado cuando la ocasión ha sido propicia; son tolerados por las autoridades, poseen desde su bautismo nombres y apellidos castellanos, aunque muchos los usan por conveniencia solo fuera del ámbito doméstico; se aprovechan de la corrupción y compran silencios y falsos testimonios, se falsifican documentos de limpieza de sangre… Son artesanos, mercaderes, o tienen otros oficios, se desenvuelven en el negocio de la seda, prestan dinero a personas notables, algunos ocupan puestos importantes en la administración y el gobierno de la ciudad, y hasta los hay que son sacerdotes. Se casan con miembros de su propia comunidad, aunque algunos contraen matrimonio con cristianos viejos, apartando así las sospechas que pudieran caer sobre ellos, apadrinan a los bautizados o son testigos de bautismo de sus propios parientes; se protegen. Están integrados en la sociedad en la que viven, al menos en apariencia, y nadie dudaría de su sinceridad cristiana. Pero no es así, son muchos los que practican secretamente la religión islámica, criptomusulmanes que recurren a la taqiyya (el disimulo), permitida por algunas corrientes del islam cuando la proclamación y la práctica de la propia fe en un medio hostil implican peligro para la propia vida.


Moriscos en Alhama de Granada. “Alhama” (dibujo realizado por G. Hoefnagel en 1564). G. Braun y F. Hogenberg, De civitatis orbis terrarum, 1575


Bernarda Alférez es detenida en Granada el 27 de julio de 1729 y encerrada en las cárceles secretas de la Inquisición. Declaran contra ella dieciséis testigos que aseguran saber, algunos de oídas de sus mayores y otros de labios de la propia rea “ser de casta y generación de los mahometanos que quedaron en este reino al tiempo de su conquista”[3].

Bernarda María Alférez Velasco, ese es su nombre completo, tiene 84 años, es “alta, delgada, blanca, menuda de facciones, y sorda”. Ha nacido en Granada en abril del año 1645, en el barrio del Albaicín, y es hija de Diego Alférez y Leonor de Velasco; su padre pertenece a la familia morisca de los Alférez o Alférez Marín de Caniles de Baza, importante foco de población morisca, y es un acaudalado labrador que ha emigrado a la capital del reino; su madre, granadina, también es de ascendencia morisca, probablemente emparentada con la rama antequerana del apellido. Bernarda es bautizada en su parroquia, la iglesia de San Pedro y San Pablo, junto al Darro, el día 17 de abril; es su padrino el jurado Pedro Valerio de Almirante, morisco, y actúan como testigos Bernardo Miguel de Almirante, Jerónimo Hurtado Salido y Diego Velasco, todos ellos también moriscos[4].

Bernarda tiene tres hermanas, Dorotea, Marcelina y Luisa. En el interrogatorio al que muchos años después la somete el tribunal del Santo Oficio confesará haber hecho los ayunos, rezos y ritos “en la observancia y creencia de dicha secta mahometana” y aunque quiere hacer creer que fue una mujer extraña a la familia quien la convenció e inició en la fe islámica a los diez años y que volvió al cristianismo cuando contrajo matrimonio, su estrategia se viene abajo cuando reconoce que su madre y sus hermanas han sido musulmanas “creyentes y observantes” y reconoce que también lo son otras personas presas por la Inquisición como ella[5].


Emblema de la Inquisición española


Cuando ha cumplido 23 años, el día 11 de septiembre de 1668, Bernarda se casa en la misma iglesia en la que había sido bautizada con Luis López Enríquez de Alcántara. El esposo tiene 18 años y pertenece a una familia de hidalgos oriundos de Moura y Beja (Portugal), emigrados a Huelma (Jaén) y finalmente establecidos en Granada. Bernarda aporta una dote de 24.000 ducados “en posesiones y alhajas de sumo valor”, una elevada cifra comparable a las que proporcionan las hijas de prominentes familias granadinas de la época, moriscas o no, lo que demuestra la excelente situación económica de los Alférez. Es, claramente, un matrimonio de conveniencia, como tantos otros[6].


Ermita de las Angustias de Nerja. Escudo de Luis López Enríquez de Alcántara (foto del autor)


Luis López es cristiano viejo, o al menos eso se confirma en cuantas pruebas genealógicas se ven obligados a realizar él y sus hermanas, es un hombre muy religioso y cuando se presente la ocasión ingresará en la prestigiosa Hermandad de la Caridad y Hospital del Corpus Christi de Granada, en cuya iglesia de San Gil edificará a sus expensas capilla propia.  Sin que él lo imagine (¿o sí?), su matrimonio con Bernarda permite a esta, e indirectamente también a su familia, vivir a cubierto de sospechas y acusaciones de criptoislamismo durante mucho tiempo. La dote proporcionada por Bernarda y las propiedades de los Alférez permiten a Luis invertir y hacer negocios, poseer un taller de blanqueo de cera, un horno de pan y varias casas en el Albaicín, rentas y tierras; la buena marcha de los negocios le brinda la posibilidad de convertirse en acreedor, arrendar el ingenio de Maro en 1694 y comprar el de Nerja y sus tierras en 1700. A su muerte en 1713 deja todas esas posesiones, a las que ha podido acceder en gran medida gracias a la dotación económica aportada por su esposa.


Restos del ingenio azucarero de Nerja (San Antonio Abad) perteneciente a la familia López de Alcántara durante el siglo XVIII (foto del autor)


Luis y Bernarda han tenido cuatro hijos: Salvadora, la mayor, que fallecerá muy joven a consecuencia del parto de su única hija Ana Felipa; Luis, sacerdote, que morirá a los pocos años de hacerlo su padre; Andrés, el sucesor al frente de los negocios; y Nicolasa, la menor. La herencia de Luis López Enríquez de Alcántara se reparte entre Bernarda, los tres hijos que le sobreviven y su nieta Ana Felipa. Bernarda recibe una suma considerable a la que agregará la correspondiente a su hijo Luis, el clérigo, cuando este muera, al ser su heredera. 

En 1727, cuando empiezan las actuaciones del tribunal de la Inquisición de Granada, Bernarda Alférez, los hijos que le quedan y demás familiares disfrutan de una buena situación social y económica. Su hijo Andrés dirige los negocios familiares, está casado con Francisca de Rojas, juntos han dotado una capellanía y memoria de misas en la ermita de Nerja y tienen descendencia: José, Paula y Bernarda. Nicolasa, la hija, que le ha dado una nieta llamada también Bernarda, tras enviudar del capitán nerjeño Tomás Vicente ha contraído segundas nupcias y vive también en Granada. Ana Felipa, la nieta mayor, huérfana de padre y madre, que se había casado en 1711 con un patricio granadino, Pedro Pascasio de Baños, goza de una extraordinaria posición en la ciudad. Nada hace, por tanto, presagiar el peligro que se avecina[7].

Con su detención comienza para Bernarda Alférez un proceso que se alarga durante algo más de tres meses en los que permanece en los calabozos del Santo Oficio de Granada y en los cuales se gasta en su alimentación y en otras cosas 16.200 maravedís. El 23 de agosto de 1729, casi un mes después de su apresamiento, el tribunal granadino ha concluido las investigaciones y remite el expediente de ciento veinte folios al Consejo de la Suprema y General Inquisición, más conocido como la Suprema, que se encarga de dictar la sentencia: confiscación de bienes, obligación de vestir el sambenito y cárcel por un periodo de cuatro meses, y destierro de la ciudad de Granada y de “Madrid, corte de Su Majestad, y ocho leguas en contorno por tiempo de cuatro años, confinada en el lugar que se le señalare y encargada a persona docta que la instruya y fortalezca en los misterios de la santa fe católica”. Deberá reconciliarse en un auto de fe, que se celebra el 5 de noviembre a puerta cerrada en la sala del propio tribunal, por orden expresa del inquisidor general, Juan de Camargo, evitándole así a Bernarda la humillación de ser vista en una ceremonia pública para oír la lectura del proceso y la sentencia de pie, vestida con sambenito con la cruz de san Andrés y soga al cuello, y con una vela verde en la mano. Solo estarán presentes los ministros del Secreto y doce personas: seis eclesiásticos y seis seglares, entre ellos Alonso Cobo Peinado, el notario de Rentas decimales del arzobispado de Granada. También ordena la Suprema que la confiscación de sus bienes solo sea parcial y que no se saquen a pública subasta. La benevolencia que muestra la Inquisición con Bernarda Alférez, al menos en todo lo que concierne a su exhibición pública, no es casual, hay ciertas influencias. Varios miembros de la familia de su difunto esposo son familiares del Santo Oficio; además, uno de sus sobrinos, Esteban Rodríguez de Cos López de Alcántara, es comisario de la Inquisición y abad de la Colegial de San Salvador de Granada y el hermano de este, Nicolás, secretario del Secreto del tribunal, cargo que, además del de alguacil mayor, también había desempeñado el padre de ambos y cuñado de Bernarda[8].


Sambenito con cruz de San Andrés similar al que Bernarda Alférez debió vestir durante su auto de fe. Francisco de Goya. Por haber nacido en otra parte. 1810-1811. Aguada, pincel y tintas sobre papel. Madrid, Museo Nacional del Prado


No se sabe a ciencia cierta el lugar de destierro al que es destinada Bernarda Alférez, aunque es posible que este sea Nerja, pues parte del dinero de la venta de sus alhajas se le entregarán en 1733 a su hijo Andrés y el resto al depositario del secuestro y a otros en Vélez-Málaga. Antes de que concluyan los años de destierro fijados y pueda regresar a Granada, Bernarda Alférez morirá “arrepentida y reconciliada con administración de sacramentos y eclesiástica sepultura”[9], quizá en la cripta de su ermita de las Angustias.

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“La existencia de cientos, acaso miles, de familias de origen morisco en el reino de Granada, uno o dos siglos después de su expulsión oficial del territorio español solo se puede entender correctamente en el contexto de una sociedad dominada por contradicciones de este tipo. Un tiempo en el que la realidad y la ideología discurrían por lo general por caminos separados, donde se practicaba una cosa y se decía otra, un escenario en el que, simplificando mucho, lo importante no es tanto lo que pasara sino lo que se proyectase al exterior. Parecer antes que ser.” 
Enrique Soria Mesa, Los últimos moriscos. Pervivencia de la población de origen islámico en el reino de Granada (siglos XVII-XVIII), 2014, pág. 132.








[1]Véase, CAPILLA LUQUE, F., y ARCOS VON HAARTMAN, E., La ermita de Nuestra Señora de las Angustias de Nerja y sus pinturas murales, Málaga, 2012.
[2]Este proceso fue tratado en primer lugar por LERA GARCÍA, R. de, “Cripto-musulmanes ante la Inquisición de Granada en el S. XVIII”, Hispania Sacra vol. 36, nº 74, 1984, págs. 521-575, y más ampliamente en SORIA MESA, E., Los últimos moriscos. Pervivencia de la población de origen islámico en el reino de Granada (siglos XVII-XVIII), Valencia-Granada-Zaragoza, 2014.
[3](A) rchivo (H)istórico (N)acional. Inquisición, leg. 3.373, exp. 2
[4]A.H.N. Leg. 2.675, doc. 8. La partida de bautismo de Bernarda Alférez en A.H.N. Órdenes militares. Caballeros de Santiago, exp. 7.139, fol. 33 v.
[5]A.H.N. Ibidem.
[6]A.H.N. Estado, Carlos III, exp. 828.
[7]Archivo Histórico Provincial de Granada. Leg. 3.084, exp. 22.
[8]A.H.N. Inquisición, leg. 2674. Caja 2, docs. 225, 261 y 271, y Libro 271. 
[9]A.H.N., Ibidem, doc. 271.

martes, 5 de junio de 2018

Unos murales cerámicos de Miguel Durán-Loriga en Nerja



Mural oeste del chiringuito Torrecilla 3, antigua cafetería La Torrecilla (Nerja). Miguel Durán-Loriga/Alfaraz (1972). Fotografía del autor


A Manuel Callejón,
con mi agradecimiento a María del Carmen Cortés


En la playa de la Torrecilla, en Nerja, hay un edificio de apartamentos construido en torno a 1970 en cuyos bajos existe un local de restauración, el chiringuito Torrecilla 3, llamado anteriormente cafetería La Torrecilla. Este local está decorado interiormente con tres magníficos murales cerámicos diseñados por Miguel Durán-Loriga y realizados en los talleres Alfaraz de Madrid en 1972. Esta entrada pretende reivindicar su valor, que los convierte en una pieza incuestionable del patrimonio histórico de la localidad cuyos propietarios han sabido conservarla hasta nuestros días.


Mural norte del chiringuito Torrecilla 3, antigua cafetería La Torrecilla (Nerja). Miguel Durán-Loriga/Alfaraz (1972). Fotografía del autor


Mural este del chiringuito Torrecilla 3, antigua cafetería La Torrecilla (Nerja). Miguel Durán-Loriga/Alfaraz (1972). Fotografía del autor


El local es de planta rectangular y tres de sus muros, los orientados al norte, este y oeste, están decorados con los murales cerámicos, a los que su autor gustaba llamar paramentos, colocados a modo de friso. Los tres murales forman en realidad un tríptico, un mosaico formado por placas cerámicas de 24 x 24 cm seriadas y decoradas con distintos motivos y otras no seriadas, con una faja superior de placas de 11 x 24 cm. El friso norte mide 107 x 960 cm, y los frisos este y oeste 107 x 432 cm cada uno. Los motivos representados son: olas, conchas de vieira, estrellas y caballitos de mar, y diferentes peces, como lenguados, rodaballos, etc., que incorporan algunas de las composiciones geométricas usadas por Durán-Loriga: el cuadrado y el círculo compartimentados, este último sugiriendo una rodaja de cítrico. Están firmados por MD-L (iniciales de Miguel Durán-Loriga), Alfaraz, Madrid, 1972. 


Detalle de los murales cerámicos del chiringuito Torrecilla 3, antigua cafetería La Torrecilla (Nerja). Miguel Durán-Loriga/Alfaraz (1972). Fotografía del autor


Detalle de los murales cerámicos del chiringuito Torrecilla 3, antigua cafetería La Torrecilla (Nerja). Miguel Durán-Loriga/Alfaraz (1972). Fotografía del autor


Detalle de los murales cerámicos del chiringuito Torrecilla 3, antigua cafetería La Torrecilla (Nerja). Miguel Durán-Loriga/Alfaraz (1972). Fotografía del autor


Detalle de los murales cerámicos del chiringuito Torrecilla 3, antigua cafetería La Torrecilla (Nerja). Miguel Durán-Loriga/Alfaraz (1972). Fotografía del autor


El empleo casi exclusivo del color azul con distintas tonalidades y el uso de motivos marinos, de estos murales cerámicos, cuya fuente de inspiración quizá habría que buscarla en el Friso de los Delfines del palacio de Cnossos (Creta, ca. 1450 a.C.), producen en el espectador la sensación de encontrarse en un acuario, conectando perfectamente con el entorno en que se halla el local y el uso al que se destina.


Friso de los Delfines del palacio de Cnossos (Creta), ca. 1450 a. C.


El autor, Miguel Durán-Loriga Rodrigáñez (1928-1997), fue un afamado arquitecto, aunque su verdadera pasión eran la artesanía y el diseño, que él supo conjugar en toda su producción como artesano ceramista. En 1952 fundó Cerámica Artesana Alfaraz, inicialmente ubicada en Alcalá de Henares y posteriormente trasladada a Algete, ambas localidades de la provincia de Madrid, talleres en los que realizó toda su producción cerámica. Obtuvo el Premio Nacional de Diseño en dos ocasiones: 1971 y 1979. Además, ejerció una destacada labor docente en el campo del diseño (en 1984 fue nombrado director de la Escuela Experimental de Diseño) y como editor (fue fundador de las revistas Temas de Arquitectura Temas de Diseño).


  Rótulo a la entrada de la antigua cafetería La Torrecilla (Nerja). Miguel Durán-Loriga/Alfaraz (1972). Fotografía del autor

Cerámica Artesana Alfaraz produjo piezas diseñadas por Durán-Loriga, tanto de pequeño formato como piezas de arte urbano o grandes paramentos cerámicos. Entre ellos cabe destacar la fuente de la plaza de la Glorieta de Elche, los murales de los desaparecidos Almacenes SEARS de Barcelona, o el mural que decora la estación de metro República Argentina de Madrid, entre otros. Muchas de estas obras se conservan, algunas están siendo recuperadas, pero otras desgraciadamente han desaparecido. Entre estas últimas cabría situar el mural que decoraba una de las dependencias de Parador Nacional de Turismo de Nerja, inaugurado en 1965, y eliminado en una de las reformas posteriores realizadas en el edificio. Este mural, conocido a través de fotografías es atribuible sin ninguna duda a Durán-Loriga y en él figuraban representadas con profusión las rodajas de cítricos tan características de su autor. 


Inauguración del Parador Nacional de Turismo de Nerja (1965) por el entonces ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga Iribarne. Obsérvese el paramento cerámico del fondo con las figuras características de los diseños de Durán-Loriga. Foto Sur


Detalle de los murales cerámicos del chiringuito Torrecilla 3, antigua cafetería La Torrecilla (Nerja). Miguel Durán-Loriga/Alfaraz (1972). Fotografía del autor


lunes, 9 de abril de 2018

Los antiguos puentes sobre los ríos Chíllar y Seco de Nerja




Proyecto reformado de puente sobre el río Chíllar. Justo González Molada, 1872 (A.H.P.M. Carreteras. Sección 1ª, leg. 24.967/2)



A comienzos de la década de 1860 las tierras de la costa oriental malagueña y de la costa granadina estaban conectadas por un camino carretero cuyo trazado discurría de forma sinuosa, acercándose al mar o retirándose del mismo para dirigirse hacia el interior. Este camino sería sustituido por una carretera que uniría Málaga con Almería, y que formaría parte de la conocida como carretera Nacional 340. 

Por Real Decreto de 6 de septiembre de 1860 se aprobó el Plan General de Carreteras de la Península e Islas adyacentes. Este plan se había realizado por disposición de la Ley de 22 de julio de 1857 y en ella se confiaba su elaboración al Ministerio de Fomento, dado que muchas de las vías que se habían construido hasta entonces eran inservibles. La ley distinguía entre vías de servicio particular y vías de servicio público, clasificando estas últimas en carreteras de primer, segundo y tercer orden. Las de primer orden eran las que se dirigían de Madrid a capitales de provincia, departamentos de Marina, puntos donde hubiera establecidas aduanas marítimas habilitadas para el comercio general de importación y exportación, y enlaces con determinados ferrocarriles; las de segundo orden eran las que unían capitales de provincia entre sí; y las de tercer orden, todas las demás. Entre las carreteras de segundo orden que se debían construir se encontraba la de Málaga a Almería por Vélez-Málaga y Motril; esta también figuraba en la Ley de 11 de julio de 1877, por la que se aprobaba el Plan de Carreteras del Estado que sustituiría al de 1864, como Carretera de 2º orden de Málaga a Almería por Torrox, Nerja, Motril, Albuñol y Adra. 



Trazado de la sección 2ª de la carretera de Málaga a Almería por la provincia de Málaga. Antonio J. Molino, 1963. (A.H.P.M. Carreteras. Sección 1ª, leg. 24.965/1)


El trazado de la carretera de segundo orden de Málaga a Almería por Nerja y Motril que debía transcurrir por la provincia de Málaga se dividió en tres secciones. La primera, con una longitud de 27.000 m, iría de Málaga al Tajo del Jaral; la segunda, del Tajo del Jaral a Nerja, tendría 25.358 m; y la tercera uniría Nerja con el límite provincial a lo largo de 13.346,69 m (véase para este tramo la entrada dedicada al puente sobre el barranco de Maro). De los tres tramos el que primero se comenzó a ejecutar fue el segundo, que es el que nos interesa, mientras que a comienzos de mayo de 1865 la primera sección estaba todavía en estudio y la tercera acababa de ser proyectada.

El proyecto de la sección segunda fue realizado por el ingeniero Antonio J. Molino[1]y aprobado por Real Orden de 16 de septiembre de 1863; las obras fueron subastadas en 18 de diciembre del mismo año y adjudicadas a Marcos Llamazares, comenzando su ejecución en los primeros meses de 1864. Este proyecto fue reformado en dos ocasiones por los ingenieros Ricardo Galbis, en 1866, y Justo González Molada, en 1872, siendo las obras liquidadas en 1880. La carretera debía tener 7 m de anchura, 5 para el firme y 2 para los paseos, y a lo largo de la sección se contemplaba la construcción de una serie de obras para los nueve arroyos y ríos que debía atravesar: seis badenes y una alcantarilla para los arroyos y sendos puentes para los ríos de Vélez y Chíllar de Nerja. Esta sección segunda se subdividió en seis trozos, siendo el sexto y último el que aquí vamos a tratar.


Trazado del trozo 6 de la sección 2ª de la carretera de Málaga a Almería por la provincia de Málaga. Antonio J. Molino, 1963. (A.H.P.M. Carreteras. Sección 1ª, leg. 24.965/1)


El trozo 6º iba de la cañada de Macaca hasta Nerja, debiendo atravesar el río Seco de Nerja y el río Chíllar, y tenía una longitud de 2.124,50 m. Inicialmente se había previsto un puente de tres arcos de medio punto para este último río, mientras que para el río Seco se había optado por una alcantarilla de tres claros. Sin embargo, se vio la necesidad de sustituir la alcantarilla del río Seco por un puente, al igual que se hizo con el badén del río de Torrox en el trozo 4º.

El puente sobre el río Chíllar es un puente de tres arcos de medio punto, de 10 m de luz cada uno de ellos, con dos pilas y pretil; tiene una longitud de 64 m y una altura de 7,80 m; sus materiales son: ladrillo, mampostería y sillares. Fue proyectado por Antonio J. Molino en 1863 y estaba muy avanzado en 1866, aunque fue reformado por Justo González Molada en 1872[2].


El puente sobre el río Chíllar (Revista de Obras Públicas, 6-3-1899)


En septiembre de 1979 una riada produjo importantes desperfectos en el puente, siendo reparado en 1980. A partir de dicho año ha sido reformado en dos ocasiones, ampliándose la calzada y aceras que sobresalen en voladizo, a la vez que los pretiles de ladrillo y piedra sillar aplantillada eran sustituidos por otros de forja.



El puente sobre el río Chíllar en la actualidad


El puente sobre el río Seco de Nerja fue proyectado por el ingeniero Ricardo Galbis, quien firmó en Málaga el 15 de febrero de 1866 la memoria, presupuesto y planos del mismo[3], y se estaba realizando en los primeros meses de 1873. Era un puente de un arco rebajado y un claro de 14 m de luz; tenía una longitud exterior de 21,80 m y una altura total sobre el plano de cimientos de 5,25 m, debiendo quedar el plano 0,25 m más bajo de lo que estaba el cauce. El puente contaba con pretil y desaguaderos y los materiales eran mampostería, ladrillo y piedra sillar.


Proyecto de puente sobre el río Seco de Nerja. Ricardo Galbis, 1866 (A.H.P.M. Carreteras. Sección 1ª, leg. 24.975/1)


Este puente no existe en la actualidad, pues fue sustituido por otro de vigas de hormigón al realizarse las obras de reforma de la carretera acometidas a finales de la década de 1970 y la de 1980, conservándose, sin embargo los muros de acompañamiento de mampostería careada a ambos lados del cauce.


Puente actual sobre el río Seco de Nerja. Obsérvense los restos del antiguo paramento de mampostería careada




[1](A)rchivo (H)istórico (P)rovincial de (M)álaga. Carreteras. Sección 1ª, leg. 24.965/1.
[2]A.H.P.M. Carreteras. Sección 1ª, leg. 24.967/2.
[3]A.H.P.M. Carreteras. Sección 1ª, leg. 24.975/1.

martes, 6 de marzo de 2018

Un caso de contrabando en las costas de la Axarquía a finales del siglo XVIII




Borrón de las plaias del Partido de Vélez. S.a, s.l. [Vélez-Málaga], s.f. [diciembre de 1797]. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, Archivo General de Simancas,  Mapas, Planos y Dibujos, 61-25.


Desde la Antigüedad, la costa de la Axarquía estuvo jalonada de torres cuya función era la de dar avisos con señales de fuego o ahumadas a las distintas fortalezas dotadas de guarnición para su defensa. Desde finales del siglo XV, gran parte de esta costa, desde el arroyo de Patas Secas hasta el de Cantarriján, perteneciente a los actuales municipios de Vélez-Málaga, Algarrobo, Torrox y Nerja, estuvo bajo el mando de la ciudad de Vélez-Málaga, cuyo partido lo conformaban trece torres y cuatro fortalezas costeras y tres o cuatro situadas cerca de la costa, aunque no en la primera línea. Todo el dispositivo defensivo, tanto de este partido como de la costa del reino granadino se centralizaba en Vélez-Málaga, en cuyo palacio de Beniel tenía su sede la Capitanía General de la Costa del reino de Granada, trasladada a esta ciudad desde la capital del reino en el último cuarto del siglo XVI.

A partir de la toma de Gibraltar por los ingleses en 1704 el contrabando procedente del Peñón hará su aparición en las costas malagueñas, intensificádose a lo largo del siglo XVIII. De manera paralela se intensificarán el control y la represión del mismo por parte del Estado, tarea para la que se utilizará la infraestructura  defensiva y el personal existente. Serán los torreros de las distintas torres los encargados de transmitir avisos de fuego cuando avisten barcos de contrabandistas y las autoridades establecidas en la ciudad cabeza de su término las que organicen la represión, hasta que en 1850 se cree el Cuerpo de Carabineros, dependiente del Ministerio de Hacienda, encargado del resguardo de las rentas públicas y la lucha contra el contrabando.

La práctica del contrabando en la costa de la actual Axarquía fue generalizada y muy intensa desde el siglo XVIII. Se ha conservado documentación al respecto y de toda ella vamos a destacar la relativa a un episodio que tuvo lugar en los últimos años del siglo XVIII, y sobre el que dio puntual noticia Ignacio de Liaño y Córdoba.

Era este un destacado personaje, de gran significación en asuntos relacionados con la defensa en el partido veleño[1]. Liaño, caballero de la Orden de Santiago y teniente coronel, había sido nombrado veedor y ministro principal de Hacienda y Guerra de la costa del reino de Granada, llegando a Vélez-Málaga en 1781 para desempeñar su cargo. Era un  destacado hombre de ideas ilustradas, conocedor del pensamiento de Campomanes y amigo de Jovellanos, que en 1783, a los pocos años de instalarse en la ciudad, fundó la Sociedad Económica y Patriótica de Vélez Málaga para procurar “el adelantamiento de la industria, artes, agricultura, cría de ganados, y navegación”[2]. Uno de los aspectos que preocupó a Liaño fue la inexistencia de un muelle en Torre del Mar que protegiera la actividad de carga de los productos agrícolas del país y, desde septiembre de 1778, de entrada de mercancías nacionales y extranjeras.  Para paliar esta falta de infraestructuras propuso la construcción de un fondeadero, proyecto que no llegó a ejecutarse; se trataba de hacer una ensenada excavada al este de la fortaleza torreña, protegida por un brazo de muelle en la parte de levante y conectada con la ciudad por un canal navegable[3].

En su faceta de veedor como ministro principal de Hacienda, desarrolló una intensa labor en el control y represión del contrabando en las costas del partido de Vélez-Málaga, ya que en su capital estaba la sede del Ministerio de Hacienda en la costa. Entre la correspondencia que Liaño mantuvo con los distintos directores generales de Rentas mientras ejerció de veedor, figura el informe que envió a Francisco de Saavedra y Sangronis el 8 de diciembre de 1797, que ilustra perfectamente sobre la práctica del contrabando y las medidas que se adoptaban para perseguirlo. Expone el veedor cómo los barcos que salían cargados de frutos de la rada de Vélez-Málaga se dirigían a Gibraltar, donde los descargaban y se aprovisionaban “de tabaco y otros géneros […] y vuelven a estas playas para verificar la introdución del fraude, valiéndose de sus confidentes que les avisan con faroles, cohetes, lumbreras y otras señas, puestas en los montes de la costa, el sitio en que los esperan con los caballos para cargarlo e introducirlo tierra adentro”[4]. 



   Torre de Moya, primera del partido de Vélez Málaga por la parte de poniente



El día 28 de noviembre de 1797, él mismo había tenido que colocarse al frente de las tropas de la costa y poner en marcha el dispositivo establecido para aprehender el cargamento de tabaco de varios barcos, uno entre las torres de Algarrobo y Lagos y otro en Cantarriján, en el límite oriental del partido. Para ello, distribuyó partidas compuestas por un total de ciento dos hombres de tropa desde la torre de la Caleta, en Cantarriján, hasta la de Moya, la última de partido por la parte de poniente, 
“para que dándose la mano pudiesen cubrir su extensión auxiliadas de las trece torres, repartidas de media a media legua que hay en ella, haciendo a los torreros y sus cabos el más estrecho encargo sobre que hiciesen con el hacho la señal de rebato (que corre de unas en otras) siempre que descubriesen barco sospechoso que intentase llegar a los resbaladeros a varar, y al mismo tiempo a las partidas apostadas, que acudiesen al sitio o torre donde saliese la primera señal de rebato, dejando siempre sus puestos con alguna custodia por si acaso fuese falsa la llamada o señal”[5]
Se aprehendieron varios alijos de tabaco y se detuvo a un hombre
“que entre las armas que se le aprehendieron es una de ellas un cuchillo que por su labor, temple y firmeza, no he querido que se haga pedazos, según está prevenido, y sí remitirlo, como lo haré en primera ocasión, a manos de V. E. para que vea la especie de lujo que gastan en sus armas los contrabandistas de este país.”[6]

Acompañaba a la carta de Liaño el Borrón de las plaias del partido de Vélez[7], donde figuran todas las torres y castillos de la marina de esta ciudad y la distribución por partidas de los ciento dos efectivos, que había utilizado Liaño para organizar la operación.



           Torre de la Caleta, primera del partido de Vélez-Málaga por la parte de levante


Transcribimos a continuación, modernizando la ortografía y signos de puntuación, la carta de Liaño a Saavedra que contiene jugosos comentarios sobre la práctica del contrabando en la época:


1797, diciembre, 8
Vélez-Málaga

Carta de Ignacio de Liaño y Córdoba, veedor y ministro principal de Hacienda y Guerra de la costa del reino de Granada, a Francisco de Saavedra y Sangronis, secretario de Hacienda, informándole del contrabando de tabaco en la costa del partido de Vélez-Málaga.

Archivo General de Simancas, Dirección General de Rentas, 2ª Remesa, leg. 1.027.

Excmo. Señor:

Con conocimiento de haber salido de esta rada un barco palangranero, que llevaba a su bordo algunos frutos de este país con su correspondiente guía de la aduana, y noticia del juez de Marina para llevarlos a Cádiz u otros puertos de España, según siempre se pretexta por los patrones de estos barcos, que son los que abandonando su instituto de pescar en el canto, se han viciado en el contrabando; el cual hacen llegando a la plaza de Gibraltar con dichos frutos y recogiendo (según dicen) de un judío las vueltas de guía que contrahace, o por otros medios fraudulentos, con que las consiguen de aquellos puertos para donde llevan sus correspondientes conocimientos, y asegurados ya con estas vueltas de guía, cargan en Gibraltar de tabaco y otros géneros sus barcos y vuelven a estas playas para verificar la introducción del fraude, valiéndose de sus confidentes que les avisan con faroles, cohetes, lumbreras y otras señas puestas en los montes de la costa, el sitio en que los esperan con los caballos para cargarlo e introducirlo tierra adentro, habiendo antes hecho su depósito de géneros en el sitio que acuerdan y allí repartidos a prorrata los efectos entre todos los interesados, de los cuales hacen siempre cabeza dos o tres de estos especuladores que hacen su viaje en dichos barcos.

Calculando pues el día de la salida del barco de esta rada, conceptué que para el día 28 de noviembre último podría estar de vuelta y próximo a hacer el desembarco en estas playas, y para aprehenderlo procedí, animado de mi obligación como subdelegado de V. E. y de los estrechos encargos del capitán general interino de esta Costa, a pedir los auxilios de tropa convenientes al comandante de las armas de este cuartel, D. Joaquín Escobedo, que me facilitó con el mayor celo cuantos le pedí, y juntos con los resguardos de Rentas, con acuerdo de todos y con presencia del plano y torres de estas playas, comprendidas desde la de Caleta a la de Moya, cuyo borrón incluyo, distribuí las partidas en las 7 leguas que comprende en los sitios que juzgamos a propósito para que, dándose la mano, pudiesen cubrir su extensión, auxilidas de las trece torres, repartidas de media a media legua que hay en ella, haciendo a los torreros y sus cabos el más estrecho encargo sobre que hiciesen con el hacho la señal de rebato (que corre de unas en otros) siempre que descubriesen  barco sospechoso que intentase llegar a los resbaladeros a varar, y, al mismo tiempo, a las partidas apostadas que acudiesen al sitio o torre donde saliese la primera señal de rebato, dejando siempre sus puestos con alguna custodia, por si acaso fuese falsa la llamada o la señal, y también que todas estas partidas procurasen observar las señales de luces, faroles y demás que en los montes al frente de las playas hacen los confidentes contrabandistas a los barcos en que tienen sus intereses para que, borrando dichas señales o extraviándolas, no pudiese el barco que se esperaba tener seguridad en ellas y hacerle vacilar y consumir sus víveres en el mar, en donde a cierta altura y hora, dentro de la canal, se presentan siempre los tales barcos para observar las dichas señales, que les dicen hacia dónde deben dirigir su rumbo sin el riesgo de la tropa o resguardos que hay colocados en tierra.

Efectivamente, la práctica bien ordenada de estas precauciones tuvieran al barco o barcos cargados de contrabando tan vacilantes e indecisos en el mar, que sin determinarse a dirigirse a tierra, y ya casi consumidos sus víveres a la ventura, se determinaron a poner la proa a tierra, y a varar en cualquier parte, por lo que después de nueve días uno de los barcos llegó al rebalaje al favor de una espesa niebla, entre las torres de Lagos y Algarrobo, donde echó en tierra dos fardos de tripes para uno de los especuladores de este fraude, que aunque se huyó, dejó los fardos y se aprehendieron por un soldado de la partida que observaba aquel sitio, lo que junto con haberle disparado un cañonazo la torre de Algarrobo, obligó al barco a virar para afuera y hacerse a la mar.

Con esta noticia creció la vigilancia de las partidas y perdió el barco la esperanza de echar en tierra su carga, tomando la resolución [de] transbordarla a otro barco o lanchón que no haciéndose sospechoso pudiese verificarlo, y limpio y lavado el principal barco palangranero, se presentó a la vista de esta rada y recibió la visita del resguardo, sin duda para hacer que descuidasen las partidas, y que creyesen que lejos de estas playas habría hecho su desembarco, ciertos de que presentando su vuelta y guía y no hallándose rastro ni olor a tabaco, ya estabann seguros en su hecho; pero en realidad no les valió la astucia, pues sabida por un confidente y observado el lanchon donde se transbordó el fraude, se logró en la mañana del día 7 del corriente recoger todo el tabaco transbordado y traerlo en dos carros a la Administración de esta ciudad, donde también se han llevado los dos fardos de tripe aprehendidos por el soldado, sobre cuyos hechos se ha principiado la sumaria y causa a los patrones del barco, especuladores y demás indiciados en ella, para seguirla y sustanciarla según derecho e instrucciones que gobiernan este juzgado de la Subdelegación de mi cargo, donde además hay noticia de que en la misma noche se aprehendió otro fraude que puso en tierra en el arroyo de Cantarriján una embarcación ragusea que fletaron en Gibraltar los mismos especuladores del contrabando que fueron en el citado barco palangranero, porque en este no les cupo todo el cargamento de su empleo, cuya aprehensión fue hecha por la partida que se estableció a la vista de las torres de Nerja y Macaca, y también se pondrá en esta Administración.

Doy a V. E. este aviso teniendo a la vista el artículo 8º de la Real Instrucción de 22 de julio de 1761, que así me lo preceptúa.

Al mismo tiempo, me parece oportuno noticiar a V. E. que, en la misma madrugada del día 7 del corriente, la partida del 1er teniente de este Regimiento de Caballería de la Costa, D. Miguel de Cárdenas, que cubría uno de los puestos acordados, prendió un famoso contrabandista y, según dicen, malhechor, [...], compañero que fue del facineroso Frasquete, a quien poco tiempo hace que se ahorcó y descuartizó en Granada, y que entre las armas que se le aprehendieron es una de ellas un cuchillo que por su labor, temple y firmeza, no he querido que se haga pedazos, según está prevenido, y sí remitirlo, como lo haré en primera ocasión, a manos de V. E. para que vea la especie de lujo que gastan en sus armas los contrabandistas de este país y cuán hábiles son los armeros y fabricantes de ellas aquí.

Dios guarde a V. E. muchos años, como deseo.

Vélez-Málaga, 8 de diciembre de 1797 = Excmo. Sr. = Ignacio de Liaño y Córdoba= Excmo. Sr. D. Francisco de Saavedra.
Liaño [rubricado]






[1] MONTORO FERNÁNDEZ, F., La Sociedad Económica de Amigos del País de Vélez Málaga (1783-1822), Vélez Málaga, Ayuntamiento de Vélez Málaga, 1999.
[2] Ibidem, pág. 225.
[3] Proyecto de Fondeadero para embarcaciones de comercio en el surgidero de Torre del Mar de Vélez Málaga. S.a, s.l., s.f., Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, Archivo Histórico Nacional, Estado, Mapas, Planos y Dibujos, 779. También, CAMACHO MARTÍNEZ, R., “Urbanismo utópico en Vélez Málaga: el puerto de 1784 en la ideología de la Ilustración”, en Vélez-Málaga en el siglo XVIII, algunos aspectos urbanos, Vélez-Málaga, Arte y Cultura, 1997, págs. 17-42.
[4] Archivo General de Simancas, Dirección General de Rentas, 2ª Remesa, leg. 1.027.
[5] Ibidem, fols. 1 r-1 v.
[6] Ibidem, fol. 2 r.
[7] Borrón de las plaias del Partido de Vélez. S.a, s.l. [Vélez Málaga], s.f. [diciembre de 1797]. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, Archivo General de Simancas, Mapas, Planos y Dibujos, 61-25.