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lunes, 25 de julio de 2016

'La muerte de san Bernardo', un retablo de terracota en el monasterio de Alcobaça (Portugal)




Retablo La muerte de san Bernardo (detalle). Ángeles músicos y cantores a la cabecera del lecho mortuorio de san Bernardo (fotografía del autor)


La abadía de Santa María de Alcobaça, comúnmente denominada monasterio de Alcobaça, se encuentra al oeste de Portugal, en la región de Estremadura. Fue fundada en 1178 por el rey Afonso Henriques, dotada con gran cantidad de tierras, y en ella se establecieron los monjes benedictinos de la Orden del Cister. Con la desamortización de 1834 el monasterio fue abandonado entrando en una fase de progresivo deterioro hasta que durante el siglo XX fue sometido a un proceso de recuperación y restauración que se prolongó por espacio de varias décadas; en 1989 fue declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.

La abadía, la primera en estilo gótico que se construyó en Portugal, es un enorme complejo con varios claustros y demás dependencias monásticas. Tiene una iglesia de gran tamaño y altura con planta de cruz latina, en cuyo transepto (brazo corto de la cruz), hacia el lado de la Epístola, hay una capilla, la capilla de san Bernardo, decorada con un espléndido retablo de terracota policromada, realizado entre 1687 y 1690 en el taller de alfarería del monasterio que floreció durante aquellos años.


Retablo La muerte de san Bernardo (fotografía del autor)

En el retablo, parcialmente destruido, se representa la muerte de san Bernardo de Claraval, monje cisterciense fallecido a los 63 años, en 1153, y canonizado en 1174, que aunque no fue el fundador de la orden desempeñó un papel muy importante en la difusión de la misma. En la parte inferior del retablo, la del mundo terrenal, el cuerpo yacente de san Bernardo está rodeado por desconsolados monjes que lloran su muerte; sin embargo, un coro de ángeles niños, acompañado por tres ángeles músicos que tañen un órgano positivo, un laúd y un violonchelo, ha descendido del cielo para, desde la cabecera del lecho mortuorio, acompañar con su canto el ascenso a los cielos del alma de Bernardo. En la parte superior, la celestial, la Virgen María, cuya devoción impulsó Bernardo de Claraval, orlada por un arco triunfal compuesto por ángeles niños y adolescentes que tañen violín, laúdes y vihuela, hace ademán de inclinarse para acogerlo en su seno.


Retablo La muerte de san Bernardo (detalle). Ángeles cantores y tañedores de laúd y violonchelo (fotografía del autor)

Retablo La muerte de san Bernardo (detalle). Monjes llorando (fotografía del autor)


Los monjes barreros del monasterio, dirigidos por fray Pedro, crearon un retablo teatral, con una escenografía barroca absolutamente verosímil, consiguiendo que el espectador-devoto, invitado a contemplar la escena, participara de la muerte de san Bernardo en la misma Alcobaça, a muchos kilómetros de distancia de la abadía francesa de Claraval, donde en realidad había tenido lugar el suceso bastantes siglos antes. En el magnífico juego de expresiones, que despliegan el repertorio gestual del duelo, destacan los rostros de los monjes llenos de tristeza por los que se deslizan las lágrimas y la cara desencajada del ángel organista que, a punto de romper en llanto, no deja de tañer dirigiendo su mirada a san Bernardo.


Retablo La muerte de san Bernardo (detalle). Ángel tañedor de órgano (fotografía del autor)

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