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viernes, 10 de octubre de 2014

Los orígenes de la feria de Nerja









Los orígenes de la feria de Nerja se sitúan en la década de 1840. Aunque de momento desconocemos el año exacto, el tomo del Diccionario Geográfico de Pascual Madoz que incluye el partido judicial de Torrox, publicado en 1849, recoge que “respecto a las ferias solo se celebra una en la v. de Nerja en los días 26, 27 y 28 de septiembre de cada año, que le fue concedida recientemente por el Gobierno”. Por lo tanto, cabe situar el nacimiento de esta feria en los años inmediatamente anteriores a la publicación del diccionario, y en todo caso durante la referida década. Esta era la segunda feria que se celebraba en la comarca -la primera era la de Alcaucín, en agosto- e inmediatamente tenía lugar la de Vélez-Málaga, autorizada en 1842, entre el 29 de septiembre y el 1 de octubre; posteriormente, en 1853, Torrox pediría celebrar feria los días 1, 2 y 3 de octubre.  En 1874 el Ayuntamiento nerjeño, trasladó las celebraciones a los días 9, 10 y 11 de octubre, fechas que se han mantenido hasta la actualidad, aunque ya antes se había desplazado su finalización al día 29 de septiembre.

Desde 1837 el Gobierno estaba facultado por las Cortes para permitir la celebración ferias y mercados en todos los pueblos que lo solicitasen como medio de impulsar el comercio local y el consumo. Muchas de ellas eran ferias monográficas, pero otras implicaban la compraventa de los más variados géneros y productos; además, la mayoría de ellas tenían lugar en los momentos del año en que la población disponía de recursos por haber finalizado la recogida de frutos y se hacían coincidir con festividades religiosas. La de Nerja era una feria de ganado cuyos días de celebración giraban inicialmente en torno a la solemnidad del arcángel san Miguel.


San Miguel Arcángel, ant. a 1936 (desaparecida)



San Miguel había sido proclamado patrono de Nerja a comienzos del siglo XIX, aunque desde 1718 se celebraba una misa y procesión del arcángel en su solemnidad. El 23 de septiembre de 1804, los vecinos, atemorizados por la epidemia de fiebre amarilla que asolaba la provincia de Málaga, se congregaron en la iglesia, aclamaron a san Miguel por su tutelar y patrono y juraron guardar y hacer guardar su festividad. Este voto fue aceptado y promulgado por el obispo de la diócesis el día 15 de agosto de 1806, por lo que podemos considerar esta última fecha la de la proclamación oficial de san Miguel como patrono de Nerja. Por lo tanto, desde su nacimiento en la ya citada década de 1840, la feria de Nerja se hizo coincidir con la solemnidad del patrono, quedando así unidos el mercado y los actos religiosos.

Años más tarde, en 1857, la Virgen de las Angustias sería incorporada a estas celebraciones al convertirse en patrona de Nerja. Esta advocación mariana fue introducida en Nerja en 1720 por la familia granadina López de Alcántara, propietaria de su ingenio azucarero, construyendo para ello una ermita a las afueras de la localidad. En 1853 la ermita quedó bajo el patronazgo del Ayuntamiento y cuatro años más tarde, el 23 de junio de 1857, a petición municipal, el obispo de Málaga concedió el título de patrona de la villa para la Virgen de las Angustias. El Ayuntamiento acordó que “se baje en procesión popular y solemne a tan sagrada imagen a dicha Iglesia Parroquial para hacerle una solemne función de Iglesia con misa cantada y salve, con objeto de hacerle la declaración y confirmación de dicho patronato, y que además se practique el disparo de una función de fuegos artificiales en su solemnidad”.


Virgen de las Angustias, ant. a 1936 (desaparecida)


A partir de ese momento quedaron establecidos para lo sucesivo tanto los cultos como la procesión conjunta de ambos patronos; desde entonces todos los años la Virgen es conducida hasta la iglesia unos días antes del comienzo de la feria para regresar a su ermita, siempre precedida por el trono de san Miguel que la acompaña, durante la celebración de los festejos en una procesión que constituye uno de los actos centrales de las fiestas nerjeñas en su vertiente religiosa.

Desde un principio el Ayuntamiento sufragó los gastos ocasionados por las fiestas. Se conservan las cuentas correspondientes al año 1873, en las que figuran gastos por conceptos como cantora, sermón, órgano, acólitos y compostura de la iglesia, cera, aceite para las lámparas de la iglesia y de la ermita, gratificación a los artistas, fuegos artificiales, consumo de cera para el Santísimo durante la salve, compostura de la plaza, y diversos jornales. Especial importancia tenía el sermón que se encargaba a un religioso que glosaba la figura del arcángel. Conocemos el que dio en los últimos años del siglo XIX Ramón Gutiérrez de Gálvez, nerjeño, deán de la Catedral de Jaén, escritor y fino orador, publicado bajo el título de Panegírico de San Miguel Arcángel, patrono de Nerja.

El mercado y el ritual religioso estaban indisolublemente unidos a lo lúdico, de manera que durante unos días los nerjeños también se entregaban a la comida, la bebida y la diversión. La feria de ganado se realizaba en los aledaños de la población, pero el resto de las celebraciones tenían lugar en la plaza Mayor, el paseo y calles adyacentes, engalanándose para la ocasión. Los fuegos artificiales llenaban la noche de luz y color en un tiempo en que no había alumbrado público y cuando este se instaló quedaban encendidas excepcionalmente durante todas las noches de feria las setenta y tres farolas existentes. El centro del pueblo se transformaba; la plaza y sus calles eran testigos del paso del cortejo procesional de los patronos, verdadera exhibición de grupos sociales, dejando una estela de incienso, pero también del baile y el deambular de la gente, mientras sonaba la música, algo infrecuente entonces; era la fiesta de la luz y de los sentidos y una prolongación de la fiesta  barroca en pleno siglo XIX.

Conforme avanzaba el siglo XX la feria de ganado dejó de celebrarse y la feria se fue transformando, aunque permanecieron la fiesta y los actos religiosos. En las últimas décadas de esa centuria la feria abandonó el espacio físico que había ocupado tradicionalmente y se desplazó a la explanada de El Chaparil para regresar posteriormente al núcleo urbano, en cuyos Huertos de Carabeo se instala actualmente el real: una pequeña ciudad efímera levantada solo para unos días, a la que se accede por una portada monumental, con sus calles, casetas, puestos diversos y atracciones, que desaparece rápidamente una vez terminados los festejos. Es la feria de nuestro tiempo en la que, salvando las distancias, aún se pueden percibir los ecos de la fiesta barroca.

(Artículo publicado en Nerja Feria 2014, revista editada por el diario Sur el 9 de octubre de 2014) 

1 comentario :

  1. Conocí la feria de ganado y recuerdo a Trasquilones que marcaba las bestias recortando el pelo con una gran tijera. Me llamaba la atención como levantaban el labio de mulos y burros para mirar los dientes y conocer su edad. Los tratos de hacían con los animales presentes en la misma plaza de La Ermita, la mayoria eran mulos, mulas y burros, no recuerdo a ningún caballo ni oveja.
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