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viernes, 3 de octubre de 2014

Ramón Rodríguez de Gálvez (1832-1906), un ilustre nerjeño








En 1899 Alejandro Bueno García publicaba una obrita, casi un folleto, titulada Apuntes históricos de Nerja en la que afirmaba que Ramón Rodríguez de Gálvez era  uno de los hijos más preclaros de Nerja, y años más tarde en su más amplia Reseña histórica de la Villa de Nerja, aparecida en 1907, lo incluía en la nómina de los más ilustres nerjeños[1]. Pero ¿quién era este personaje que gozaba de la amistad y la admiración de nuestro historiador?

Ramón Rodríguez de Gálvez había nacido en Nerja el 18 de diciembre de 1832, siendo bautizado al día siguiente en la iglesia de El Salvador. En el Archivo Universitario de Granada se conserva una copia de su partida de bautismo, realizada en 1873, que dice así:

“Don Gregorio García Coadjutor de la Iglesia Parroquial de San Salvador de esta Villa de Nerja, provincia y diócesis de Málaga por ausencia de su Sr. Cura, certifico que en el libro 25 de bautismos de su archivo, al folio 4 vto. su 1ª pretª dice así: 
En la Villa de Nerja en diez y nueve de diciembre de mil ochocientos treinta y dos, yo Juan Francisco Álvarez, teniente  cura de su Iglesia Parroquial bauticé a Ramón, Nicolás, Arsenio, hijo legítimo de D. Diego Rodríguez, natural de Ponferrada, y de Dª María del Carmen Gálvez, su mujer  natural y vecinos de esta villa. Abuelos paternos D. Antonio Rodríguez y Dª Luisa Lobo, naturales de Ponferrada; maternos, D. Pedro de Gálvez y Dª Micaela Tello de esta naturaleza. Declaró su padre no haber tenido otro hijo del primer nombre y afirmó que nació el día diez y ocho de dicho mes y año. Fueron sus padrinos D. Nicolás Collado y Dª Cándida de Guevara, su nieta, de este vecindario, a quienes advertí su obligación y parentesco especial conferido. Testigos D. José Antelo y Juan Padilla, de esta vecindad, de que doy fe. Francisco Álvarez. 
La anterior partida es copia del original. Nerja, diez y nueve de septiembre del año del sello.” [Timbre del año 1873 y, estampado en tinta verde, sello de la parroquia][2]

A los catorce años ingresó en el Colegio de los Escolapios de Archidona, donde comenzó los estudios de segunda enseñanza que prosiguió en Málaga, de nuevo en Archidona y por último en el Colegio del Sacromonte y en el Instituto agregado a la Universidad de Granada, institución en la que se graduó en bachiller en 1851[3]. Desde 1850 disfrutaba de sendas becas para estudiar filosofía en el Seminario del Sacromonte de Granada y teología en el Seminario de San Sebastián de Málaga. En 1857 ascendería finalmente al presbiterado, ejerciendo desde ese momento el sacerdocio; en 1859 obtuvo la designación de examinador sinodal del obispado de Ceuta.

Sin embargo, Rodríguez de Gálvez no abandonará aquí su carrera formativa y se matriculará en Filosofía y Letras en la universidad granadina, obteniendo el título de licenciado en octubre de 1873 y el de doctor en diciembre del mismo año. Apasionado del estudio, prosigue en la universidad y en 1882 se licencia en Derecho Civil y Canónico con calificación de sobresaliente, para lo cual lee el discurso Paralelo entre los Concilios de Toledo y las Cortes españolas. ¿Pueden considerarse los primeros como origen de los segundos o son instituciones distintas emanadas de distintas causas?[4]. Un año después, en 1884, el rector de la Universidad de Granada lo nombra vocal de exámenes para estudios privados y pasa a formar parte del claustro universitario.




 Autógrafo de Ramón Rodríguez de Gálvez



Ramón Rodríguez de Gálvez fijaría su residencia, junto con sus hermanos en la ciudad de Jaén, lugar donde transcurrió gran parte de su vida. Allí fue capellán vicario del convento de dominicas, director del Hospicio de Hombres y gobernador de la Santa Capilla. En mayo de 1883 fue nombrado canónigo de la catedral de Jaén; en agosto de 1893 fue promovido al arciprestazgo de dicha catedral, y en marzo de 1906 elevado a la dignidad de deán de la misma, culminando así su carrera eclesiástica[5]. Fue un afamado orador y sus sermones en el templo catedralicio durante las grandes solemnidades atraían a una gran cantidad de público que acudía a oírle. Falleció en Jaén el 25 de noviembre de 1906, a los pocos meses de ser promocionado al deanato catedralicio. 

La inquietud de Rodríguez de Gálvez por la cultura fue intensa y le hizo participar en las actividades de distintas instituciones giennenses. En la década de 1850 era miembro de la Sociedad Científico-Literaria y tras la reorganización de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, ocupó los cargos de vicepresidente y presidente, pronunciando entre otros el Discurso en honor del Rey D. Carlos III; el Discurso sobre la exposición provincial de Jaén; y el Discurso en loor de D. Pedro Calderón de la Barca.

Una de sus facetas más importantes fue la de escritor. Publicó estudios de carácter religioso, históricos y literarios, además de sermones, entre los que se encuentran: Apuntes históricos sobre el obispado de Jaén (1873); La verdad de la tradición del descenso de la Santísima Virgen a la ciudad de Jaén en la noche del diez de junio del año MCCCCXXX (1883); Juicio crítico sobre la traducción al italiano del Ensayo histórico de San Juan de la Cruz (1885); Noticias para la vida del venerable siervo de Dios Gutierre González Doncel, fundador de la Santa Capilla de Jaén (1893); Estudios críticos sobre San Pedro Pascual, obispo de Jaén y mártir (1903); y  Sermones varios (1906).

En 1905 publicó en Jaén su Panegírico de San Miguel Arcángel, patrono de Nerja (Málaga), con un apéndice de noticias para la historia de la mencionada villa. Daba así a la imprenta el sermón que había ofrecido en su pueblo natal a petición del Ayuntamiento con motivo de las fiestas patronales que, junto con la feria de ganado, se celebraban en Nerja cada año y a las que se solía invitar a un orador que ensalzara al arcángel. Desconocemos el año exacto en que Rodríguez de Gálvez pronunció el discurso, pero sin duda debió ser entre 1893 y 1899, pues ya era arcipreste y Alejandro Bueno se refiere al mismo en su primera obra. El Panegírico es una magnífica pieza de oratoria sagrada que deleitará a los amantes de este género. Del apéndice de noticias históricas, diremos que no es en realidad un ensayo histórico, sino una recopilación de notas tomadas de algunos libros o proporcionadas por su amigo Alejandro Bueno, algunas de las cuales dan pie a hipótesis y afirmaciones que las investigaciones históricas posteriores han demostrado erróneas. El apéndice está dividido en tres partes que tratan, la primera de la conquista castellana y la rebelión morisca; la segunda de la pacificación de la costa en tiempos de Carlos III y las fortalezas existentes en la costa nerjeña; y la tercera y última del paso del general liberal Rafael de Riego por Nerja en 1823. Este apéndice tiene el valor de constituir, junto a los dos libritos de Alejandro Bueno, el inicio de la historiografía local de Nerja.






Más allá de estas consideraciones, el Panegírico supone el reencuentro de Ramón Rodríguez de Gálvez con la tierra que lo vio nacer a la que ensalza, valora y rinde homenaje desplegando toda su capacidad oratoria en un fino discurso en cuyo preámbulo podemos encontrar fijados los elementos laudatorios que en lo sucesivo recibirá Nerja de todos los panegiristas que la canten. Y para comprobarlo y rendir un pequeño homenaje a este nerjeño ilustre, prácticamente desconocido para la mayoría de los actuales, vamos a retroceder en el tiempo a un caluroso día de san Miguel de la década de 1890 y entrar en el templo parroquial de El Salvador de Nerja, abarrotado de un numeroso público expectante, en el preciso instante en que el doctor Rodríguez de Gálvez comienza su panegírico del santo patrono con estas palabras:

“Señores: 
Bendigo a la Providencia divina que me permite volver tras larga ausencia a la amada patria, para ejercitar una vez más en ella el sagrado ministerio de la predicación evangélica; bendigo a la ilustre Corporación que tan acertadamente rige los destinos de este vecindario, por haberme honrado con el encargo —superior a mis fuerzas— de preconizar en la gran festividad que hoy celebramos, las excelencias de nuestro celestial patrono; bendigo a mis conterráneos, deudos y amigos carísimos, por el placer con que me acogen, por el amor que me demuestran y por las atenciones y favores que me dispensan sin tasa ni medida. 
Y esta triple bendición en la que resumo todos los sentimientos que brotan en mi alma, no es otra cosa que un grito de júbilo escapado de ella al pisar la bendita tierra en que vine a la luz de la vida y de la gracia, poetizada por los recuerdos de la infancia, que no se disipan; embellecida con los matices y dorados resaltes de las ilusiones juveniles, que no ha marchitado el transcurso de los años; engrandecida en el propio pensamiento por la fuerza de la fantasía, que le atribuye los más espléndidos dones con que pudo haberla favorecido la pródiga naturaleza, y, finalmente, idealizada hasta el extremo de no encontrarle rival, ni por su situación topográfica, ni por lo apacible de su clima, ni por la transparencia de su cielo, ni por la riqueza de sus productos, ni por la religiosidad y cultura de sus moradores en toda la redondez del planeta que habitamos.
Semejante a los marinos que tripulaban las carabelas con que Colón surcó el inmenso piélago, que desde los altos mástiles gritaron ¡tierra, tierra! al descubrir los nuevos continentes, así yo también he exclamado ¡patria, patria! al divisar entre los repliegues del accidentado paisaje el sitio que ocupa esta bellísima población, bordada con primor natural a orillas del Mediterráneo, y a la que siempre reservé un lugar preferente en mi corazón. 
Es verdad que casi ha desaparecido la generación que me precediera y que, por desgracia, encuentro muy mermada a la que pertenezco; es verdad, que habiendo fijado la Providencia mi destino en otra parte, soy como extranjero en mi propio suelo, donde ya no conservo más que los restos venerados de mis mayores y aquellos recuerdos adheridos a lugares y objetos […]; pero eslo también, que en medio de tan desconsoladora mudanza como ha obrado el transcurso del tiempo, permanece inquebrantable el vínculo de fe religiosa que a todos nos une, y la devoción que tenemos a nuestro gran Patrono, cuyo panegírico intento hacer.”[6]




[1] BUENO GARCÍA, A., Apuntes históricos de Nerja, Vélez-Málaga, 1899, pág. 19, y Reseña histórica de la Villa de Nerja, Vélez-Málaga, 1907, pág. 52.
[2] (A)RCHIVO (U)NIVERSITARIO DE (G)RANADA. Expediente de Ramón Rodríguez de Gálvez, doc. 513/64.
[3] A.U.G. Expediente de Ramón Rodríguez de Gálvez, docs. 64/79, 521/82 y 4.608/26.
[4]A.U.G., Expediente de Ramón Rodríguez de Gálvez, doc. 513/64.
[5] Reales Decretos de 14 de mayo de 1883, de 16 de agosto de 1893 y de 3 de marzo de 1906.
[6] RODRÍGUEZ DE GÁLVEZ, R., Panegírico de San Miguel Arcángel, patrono de Nerja (Málaga), con un apéndice de noticias para la historia de la mencionada villa, Jaén, 1905, págs. 11-13.

1 comentario :

  1. Buenos días: Mi nombre es Fco. Javier Aguilar Pardo, y le escribo desde Jaén. Estoy muy interesado en toda la información que pueda obtener acerca de D. Ramón Rodríguez de Gálvez y del resto de su familia, dado que una hermana suya, Dª. Dolores Rodríguez de Gálvez es tatarabuela de mi madre. La información de la que yo dispongo es que esta familia, compuesta por, al menos, cuatro hermanos, por alguna razón que desconozco se trasladan desde su Nerja natal hasta Huelma, provincia de Jaén, y hasta la propia capital. Concretamente, Dª. Dolores, mi antepasada y su hermano Rafael, fueron a Huelma, donde la primera se casó con un tal Ignacio Gámez Soriano, cuya familia procedía de Lújar (Granada), y falleció en 1908, y el segundo ejerció de escribano (Notario), en las localidades de Cambil y de Huelma. Otro hermano, Antonio, fue también escribano en la capital, y falleció siendo Notario de Madrid. Éste último se casó en 1859 con Dª. Catalina Bonilla, hija de una ilustre familia jiennense (por cierto que lo casó su hermano Ramón, al que Vd. dedica esta entrada. En el certificado de matrimonio, consta como D. Ramón Rodríguez de Gálvez Tello, uniendo los dos primeros apellidos de sus padres, y utilizando el segundo de su madre [su abuela era Micaela Tello Cereto]), y algún descendiente suyo postuló al condado de Gálvez, entonces desierto, si bien le fue denegado por no poder acreditar el parentesco con los Gálvez de Macharaviaya, alguno de los cuales llegó a ser virrey de las Indias. Me interesa particularmente esta posible relación de parentesco entre unos y otros Gálvez, los de Macharaviaya y los de Nerja, así como cuanta otra información pudiera Vd. facilitarme, del mismo modo que yo me pongo a su entera disposición para lo que Vd. pueda necesitar. También me interesa conocer si los archivos parroquiales de Nerja fueron destruidos durante la guerra civil, como así parece ser. Un saludo

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