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domingo, 7 de abril de 2019

«En Nerja, donde el ṭirāz rayado». Historia de un texto de ibn Sa'id al-Magribī



Fragmento de la descripción de Nerja por ibn Sacīd. Analectes de al-Maqqarī, T. I, pág. 109. (Rodeado por una elipse roja el topónimo Nāriŷa)

1. Una fuente escrita medieval sobre Nerja 

En el siglo XIII, probablemente en la década de 1230, el polígrafo andalusí Alī ibn Mūsa ibn Sacīd al-Magribī (en adelante, ibn Sacīd), visitó la alquería de Nāriŷa/Nerja. Iba acompañado de su padre, Mūsa ibn Muḥammad, y tiempo después, en alguna de sus obras cuyo manuscrito se ha perdido dio noticia de aquella visita, recogió una somera descripción del lugar e insertó un poema que compuso inspirado por el paisaje y el ambiente que allí se respiraba.

El texto, que ha resultado ser una de las escasas fuentes escritas para la historia de Nerja en la Edad Media, sobre el que me extenderé más adelante, nos ha sido transmitido por al-Maqqarī, un historiador argelino de Tremecén que vivió entre los siglos XVI y XVII, es decir, unos cuatrocientos años después que ibn Sacīd. Él lo incluyó en su obra Nafḥ al-ṭīb min guṣn al-Andalus al-raṭīb (Efluvio de perfumes sobre la memoria de al-Andalus), primera parte de un título más extenso, en la que incorporó gran cantidad de noticias, fragmentos y poemas tomados de distintos autores antiguos[1].

Del Nafḥ al-ṭīb de al-Maqqarī, del que se han conservado varios ejemplares manuscritos custodiados en distintas bibliotecas, el arabista español Pascual de Gayangos publicó en 1840 y 1843, en inglés, una traducción resumida y reordenada, que no iba acompañada del texto en su lengua original y en la que incluía un breve párrafo referido a Nerja[2]. El texto árabe completo de al-Maqqarī, que se divide en ocho libros, con una extensa introducción y notas en francés, fue publicado por primera vez en dos volúmenes entre 1855 y 1861, en la ciudad holandesa de Leiden por varios especialistas con el título de Analectes sur l’histoire et la littérature des árabes d’Espagne (Analectas sobre la historia y la literatura de los árabes de España). El que interesa aquí es el primero de los ocho, que trata de la descripción de al-Andalus; en las páginas 109 y 110 del volumen se encuentra la descripción de Nāriŷa/Nerja y el poema que le sigue, tomados de ibn Sacīd.

Casi al mismo tiempo, en 1860, el arabista Francisco Javier Simonet publicaba la Descripción del reino de Granada bajo la dominación de los Naseritas, sacada de los autores árabes, seguida del texto inédito de Mohamed Ebn Aljatib. Al tratar de Nerja Simonet incluyó el texto de ibn Sacīd, cuyo nombre translitera como Ebn Sadi, transmitido por al-Maqqarī, pero finalmente optó por suprimir el poema «por no dilatarme»[3]. Años después, en 1874, Francisco Guillén Robles, en la Historia de Málaga y su provincia, resumiría en un par de líneas lo esencial de Nerja contenido en el libro de Simonet[4].

De manera que, a partir de las publicaciones mencionadas, quien no supiera árabe clásico y quisiera acceder a la información que ibn Sacīd había dejado escrita de la Nerja del siglo XIII, recogida por al-Maqqarī en su Nafḥ al-ṭīb, solo podía hacerlo a través de la traducción que ofrecía Simonet o del resumen en inglés de Gayangos, pero no al poema que, como se ha dicho, únicamente estaba incluido en la edición en árabe de al-Maqqarī publicada en Leiden y, por lo tanto, requería el conocimiento de dicha lengua.



Portada de los Apuntes históricos de Nerja (1899), de Alejandro Bueno García


2. La recepción del texto de ibn Sacīd en Nerja

A finales del siglo XIX el nerjeño Alejandro Bueno García (1859-1927) llevó a cabo la publicación de unos Apuntes históricos de Nerja (1899), un opúsculo de 32 páginas en el que esboza un discurso histórico, dando a conocer los aspectos y acontecimientos del pasado de la localidad que consideraba más importantes [5]; a esta obra le seguirá la Reseña histórica de la villa de Nerja (1907), más amplia y desarrollada que la anterior[6]. Aunque las actividades habituales de Alejandro Bueno eran, según él mismo reconocía, «la política, la administración, y la agricultura, faenas a que me dedico»[7],  su interés por la historia le llevó a investigar y documentarse, dedicándose a la tarea, en palabras de su propio hijo, de «dotar a su pueblo de memoria de sí mismo, esto es, de conciencia histórica local y lo hizo como lo habría hecho un universitario, aunque no tenía título académico alguno»[8]. Podemos adscribir a Alejandro Bueno al grupo de historiadores locales y cronistas de la segunda mitad del siglo XIX y primeras décadas del XX que, sin formación académica, pero guiados por su curiosidad y pasión por la historia, se convirtieron en muchos casos en los pioneros de la historiografía local en España. Bueno estaba influenciado, a través de sus lecturas y contactos, por la prestigiosa escuela de arabistas españoles que durante el siglo XIX dieron un impulso formidable a los estudios sobre al-Andalus, aspecto este clave para entender el empeño del historiador nerjeño por conseguir el texto de ibn Sacīd, única fuente escrita a partir de la que pudo construir un relato sobre la Nerja medieval, a la vez que la situaba en el mapa literario de lugares elogiados por destacados autores del pasado.

Desde muy joven Bueno García asumió distintas tareas y ejerció cargos en el Ayuntamiento de Nerja (escribiente, depositario de fondos, secretario en funciones, concejal y alcalde), por lo que tuvo a su disposición la documentación histórica custodiada en el archivo de la institución que consultó y utilizó para sus libros. Pero, además, poseía una nutrida biblioteca y se sirvió de las obras comentadas de Simonet, Guillén Robles y otros, como él mismo confiesa en las notas de los Apuntes y de la Reseña. De dichos autores obtuvo los datos correspondientes a la Nerja andalusí que completó con referencias a la fortificación medieval (el denominado Castillo Alto), algunos de cuyos vestigios todavía podían verse en su época, y del cercano Castillejo de río de la Miel. Mientras que en los Apuntes la información sobre la Nerja andalusí era reducida y en ellos lo que quizá resulte más interesante sean los datos que proporciona su autor sobre los vestigios de la alquería y sus sepulturas y su localización, en la Reseña incluye íntegra la traducción que hizo Simonet del texto de ibn Sacīd, añadiendo el poema que por primera vez se publicaba en castellano, aunque en una muy mala traducción, maquillada por la versificación que le hizo Narciso Díaz de Escovar, del gusto de muchos lectores, pero en gran parte alejada de lo que realmente escribió ibn Sacīd.



Portada de la Reseña histórica de la villa de Nerja (1907), de Alejandro Bueno García


Antes de dar a la imprenta la Reseña Alejandro Bueno había hecho gestiones para conseguir el poema de ibn Sacīd así como su traducción castellana con objeto de incluirlo en el libro. El 15 de mayo de 1906 el arqueólogo e historiador Rodrigo Amador de los Ríos, quien poseía en su biblioteca madrileña un ejemplar de la edición en árabe de la obra de al-Maqqarī publicada en Leiden, enviaba a José Ortega García, inspector del cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos y nerjeño, una copia manuscrita del poema a petición de este. Ortega se la remitió a Nerja a Alejandro Bueno, quien a través del coronel de Carabineros Emilio Noguera Herrero consiguió una traducción del texto, realizada por el entonces canciller del consulado español en Tánger, Manuel Villalta Atalaya[9]. El 8 de agosto de 1906 Bueno escribía a Narciso Díaz de Escovar, afamado polígrafo, cronista de Málaga, poeta y amigo suyo, con quien mantenía una intensa correspondencia, comunicándole que «por fin me han traducido en la legación de Tánger las poesías a Nerja y ahora lo está haciendo un arabista de Ceuta muy nombrado»[10], el profesor del colegio militar de dicha ciudad, Sid Medani. Un mes después, el 10 de septiembre, Alejandro Bueno volvía a escribir a Díaz de Escovar enviándole tres traducciones distintas del poema y advirtiéndole de la dificultad que habían expresado los traductores en la realización del trabajo «porque para este clásico antiguo no hay diccionarios [... y] convienen todos ellos en que para arrancar al texto toda su hermosura poética es de necesidad reforme las traducciones un poeta, y en este caso a V. recurro con esta agradable jaqueca en la seguridad de que sabrá como nadie sacar la punta al ovillo y hará un hermoso trabajo digno de un poeta tantas veces laureado». Y añadía: «Use para su composición de los tres textos pues todos ellos tienen algo de interés, y no prescinda de la palabra Narija, pues si bien dos de ellos no la emplean, es porque Narija quiere decir manantial abundanterío caudalosocaudal de aguas, mayor curso, de cuya circunstancia viene el nombre de Nerja», pidiéndole finalmente que acortara los versos porque «sería conveniente para la impresión»[11]. La traducción versificada del poema de ibn Sacīd publicada por Alejandro Bueno, puede leerse en las páginas 14 y 15 de su Reseña histórica de la villa de Nerja (hacer clic sobre el título  de la obra para acceder en línea al ejemplar alojado en la web de la Biblioteca Virtual de Andalucía).

A partir de entonces, no exactamente el poema de ibn Sacīd, sino la traducción versificada por Díaz de Escovar y publicada por Alejandro Bueno, se convirtió en el modelo a seguir para todos los panegiristas de Nerja que han encontrado en sus versos algunos de los tópicos que, en una suerte de «vuelo lírico», han repetido al cantar sus bellezas, equiparándola al paraíso en poemas, prosa, coplillas; en el «piropo a Nerja» de las celebraciones de Carnaval; y últimamente en ciertos mensajes excesivamente cargados de autocomplacencia que se difunden por las redes sociales. 

Agotadas tanto la edición de la Reseña de Alejandro Bueno como la reedición de la obra que se hizo en 1987, y convertida en un libro de culto casi imposible de conseguir a falta de otros estudios históricos sobre Nerja hasta hace un par de décadas, el poema fue reproducido, aunque separado del resto del texto de ibn Sacīd, en varias publicaciones de carácter local, la última de las cuales se debió al que fuera cronista oficial de Nerja, José A. Pascual Navas. La importancia que a lo largo del siglo XX alcanzó el texto de ibn Sacīd fue tal que el Ayuntamiento de Nerja decidió dar el nombre de este escritor andalusí a una de las calles de la localidad: la calle Ebn Sadi, adoptando la transliteración de Simonet, mantenida por Alejandro Bueno.

3. El texto de ibn Sacīd en el Museo de Nerja



Panel dedicado al texto de ibn Sacīd en el Museo de Nerja (cortesía del museo)


En los primeros meses de 2018, cuando se ultimaba el diseño de los nuevos contenidos museísticos del Museo de Nerja, el museo de historia de la localidad sometido a renovación desde unos años antes, el director del mismo, Juan Bautista Salado Escaño, decidió incluir el texto de ibn Sacīd en una sección dedicada a Nerja y Maro en la Edad Media, por ser una fuente escrita fundamental para la historia nerjeña de la época. Para ello pidió a la arabista María Antonia Martínez Núñez, profesora de la Universidad de Málaga, considerada la mejor especialista de España en epigrafía árabe en al-Andalus, que realizara una nueva traducción del texto de ibn Sacīd, incluyendo el poema. El resultado fue una traducción literal, pulcra, sin distorsiones de carácter lírico y absolutamente fiable que reproduzco a continuación por cortesía del museo:

«Dijo Ibn Sacīd cuando realizó la mención de la alquería de Nerja: la alquería de Nerja es una alquería grande que se parece a las ciudades. Está rodeada de jardines y tiene un río que seduce a quienes lo miran. Y es de los distritos de Málaga. Y él la recorrió una vez con su padre, Abū cImrān Mūsà, y eso fue en el tiempo en que tenían la tintura de seda y habían instalado unas tiendas en el valle del río entre sus vados. Algunos de ellos bebían, otros cantaban y tocaban música. Preguntaron: ¿cuál es el nombre de este lugar? Dijeron: al-Ṭirāz. Y dijo mi padre: un nombre que se ajusta a lo que designa y una palabra que explica su significado. Encontré el lugar dicho dotado de riqueza y una voz diciendo: “Di”, entonces dijo: 

         En Nerja, donde el ṭirāz rayado,
Dije: me detengo sobre un río cuya boca sonríe.
Dijo: Escuchas los sonidos
Dije: de cantos que deleita.
Dijo: ¿Acaso, ¡oh jardín del Paraíso!, no soy un hombre?
Dije: Pues no sea mi suerte arrepentirme por tus culpas.
Dijo: Es penoso para nosotros visitarte, como
Dije: visita el fantasma de Sulaymà a un converso.
Dijo: Y si yo hubiese dado la opción, no habría creído
Dije: nadie que tu enclave es para mí la mejor panorámica.
Dijo: En donde el céfiro y la sombra a causa de sus encantos
Dije: preservan en el jardín de la picadura de una serpiente del río.
Dijo: ¡Oh dolor! que no hubo para mí retorno.
Dije: Sé rey, que yo te protegeré del mal de ojo.
Dijo: Yo considero esto el fin del pacto entre nosotros.
Dije: Y el Misericordioso observa mi añoranza y se apiada.
Dijo: ¡Salud, salud! no deja de repetirte
Dije: y las nubes no cesan por ti de derramarse.» 



Poema de ibn Sacīd. Analectes de al-Maqqarī, T. I, pág. 110. (Rodeado por una elipse roja el topónimo Nāriŷa)


En el texto al-Maqqarī cuenta que ibn Sacīd visitó la alquería de Nerja y reproduce las observaciones que este escribió sobre el lugar: que era una alquería de gran tamaño rodeada de jardines perteneciente a Málaga (la cora de Rayya) y que en aquel momento una de sus actividades económicas era la manufactura de ṭirāz, un tejido de seda brocado, verdadero artículo de lujo cuya posesión estaba reservada a escasísimas personas. El término ṭirāz designa el tejido, que adoptaba diversos diseños, uno de los cuales era el rayado, que consistía en una serie de bandas que alternaban generalmente los colores rojo y azul con inscripciones en oro. Pero también al-Ṭirāz designaba el taller en que se realizaban las operaciones de fabricación de este tejido. Por lo tanto, el punto exacto de Nerja en el que los viajeros se encontraban en la escena que se describe, y que da lugar a la composición del poema final, era el del taller de la manufactura, al-Ṭirāz, situado junto al río Chíllar, en las afueras de la alquería. El recurso de oír a alguien, una voz, que le invita a improvisar y que inicia una especie de duelo poético proponiendo un primer verso, da pie al poema en el que los versos, que riman en mīm (eme) por ser esta la letra en que terminan todos ellos, se suceden, precedidos los que proponen de la palabra «dijo» y los que sirven de respuesta de la palabra «dije». Entre la versión versificada que publicó Alejandro Bueno y la traducción fiel al original de María Antonia Martínez hay una diferencia abismal y gracias a esta última podemos leer en castellano y captar el sentido exacto del texto que ibn Sacīd compuso. Sirvan como ejemplo de lo que afirmo los primeros versos, que en la traducción de María Antonia Martínez dicen:

«En Nerja, donde el ṭirāz rayado,
 Dije: me detengo sobre un río cuya boca sonríe.
 Dijo: Escuchas los sonidos
 Dije: de cantos que deleita.»,

en una de las traducciones que obtuvo Alejandro Bueno figuraban como: 

«Esperaba entregarme al sueño
Dije: arriba del río corre y remolinea
Dije: te oía hacia lejos
Dije: con una vista de vegetación», 

siendo transformados por Narciso Díaz de Escovar tras su versificación en:

«Tendido sobre alfombra de mágicos colores
mientras el dulce sueño mis párpados cerraba,
Narija, mi Narija, brotando entre las flores
con todas sus bellezas mi vista recreaba.» 



Ṭirāz


4. Algunos datos sobre Nāriŷa/Nerja

Nāriŷa, la Nerja medieval que visitó ibn Sacīd, no se encontraba donde la población actual, sino alejada de ella 1,7 km aproximadamente, en la margen derecha del río Chíllar, aunque algo apartada del mismo. Las indicaciones de Alejandro Bueno unidas a la información proporcionada por la documentación conservada de distintos apeos y deslindes de tierras de fechas posteriores a la conquista castellana del territorio y del siglo XVIII, confirmada por los resultados arrojados por varias excavaciones arqueológicas de urgencia llevadas a cabo en los últimos veinte años, han permitido ubicar la alquería en un terreno atravesado por la carretera comarcal de Nerja a Frigiliana, entre la denominada cuesta del Cabañil, el cerro de Arriba y el polígono industrial Castillo Alto. 

Esta alquería debió fundarse en el siglo X, al igual que la vecina de Mārūh/Maro, cuando, derrotadas las comunidades rebeldes que durante décadas habían hecho frente desde las montañas al poder del estado cordobés, fueron obligadas a «bajar al llano», con objeto de que se pudiera ejercer un control fiscal efectivo sobre ellas, a la vez que se insertaban en el modelo social dominante en el estado. El caserío se extendía a la sombra de una fortificación (ḥisn), el castillo Alto, que era una torre de alquería rodeada de una cerca. Además de los datos proporcionados por ibn Sacīd, se sabe que la alquería disponía de mezquita, baño y una necrópolis (maqbara) en la que se han podido documentar 187 tumbas con una datación que abarca desde el siglo X al XV. 

Las tierras de Nerja estaban regadas y la propia alquería se abastecía del agua del río canalizada a través de una extensa red de acequias, practicándose en ella diversos cultivos, aunque el más importante era el del moral, de cuyas hojas se alimentaban los gusanos de seda. Por tanto, la seda, como ya se puede deducir del texto de ibn Sacīd, era el producto principal de Nerja que era trabajada en la propia alquería para fabricar ṭirāz  y también transportada a las alcaicerías de las ciudades próximas para su comercialización. En los primeros años del siglo XVI, bajo dominio castellano, aún seguía siendo la base económica de Nerja.



Situación aproximada de la alquería de Nāriŷa/Nerja a partir de datos de un documento de 1743


Conquistado el territorio por los Reyes Católicos en 1487, la situación de los moriscos nerjeños a partir de 1500 se hizo muy difícil, huyendo en masa al norte de África entre 1504 y 1505. Despoblada Nerja durante gran parte del siglo XVI, el castillo y caserío andalusíes fueron definitivamente abandonados al fundarse la nueva población junto al mar en 1633. A mediados del siglo XVIII aún eran visibles las ruinas de Nāriŷa, de las que, hacia 1900, ya quedaban escasos restos en superficie. Hoy muchos de esos restos han sido destruidos o están ocultos a la vista.



Rótulo de la calle Ebn Sadí de Nerja




[1] El título completo de la obra de al-MaqqarīNafḥal-ṭīb min guṣn al-Andalus al-raṭīb wa-dikr wazīri-hā Lisān al-Dīn ibn al Jaṭīb (Efluvio de perfumes sobre la memoria de al-Andalus y el recuerdo de su visir Lisān al-Dīn ibn al Jaṭīb). La primera parte, un 75% de la obra, se divide en ocho libros: el primero está dedicado a la descripción de al-Andalus; el segundo a la conquista; el tercero a la historia de los emires y califas que tuvo; el cuarto a la ciudad de Córdoba, su historia y monumentos; el quinto trata de los sabios andalusíes que viajaron a oriente; el sexto a los sabios de oriente que viajaron a al-Andalus; el séptimo a la Historia literaria y las cualidades morales e intelectuales de los andalusíes; y el octavo a la conquista de al-Andalus por los cristianos.
[2] GAYANGOS, Pascual de, The History of the Mohammedan Dynasties in Spain: extracted from the Nafhu-t-tib min ghosni-l-Andalusi-r-Rattib wa Ta’rikh Lisa’un-ad-Din Ibn-l-Khattíb, by Ahmed Ibni Mohammed al-Makkarí, a native of Telemsán, vol. I, Londres, 1840, pág. 50. El fragmento relativo a Nerja dice: «farther on, on coast, is Nerjah (Nerja), which Ibnu Sa’id describes as a very large town, almost resembling a city in size, surrounded by orchards and gardens, and with a river so pleasant that in tempts the travelers to halt on its banks».
[3] SIMONET, Francisco Javier, Descripción del reino de Granada bajo la dominación de los Naseritas, sacada de los autores árabes, seguida del texto inédito de Mohamed Ebn Aljatib, Madrid, 1860, págs. 94-95.
[4] «[...] y Naricha, Nerja, que era una populosa alquería cuyos muros bañaban las aguas de un río: en Nerja se tejían ricas y vistosas telas de seda». GUILLÉN ROBLES, Francisco, Historia de Málaga y su provincia, Málaga, 1874, pág. 249.
[5] BUENO GARCÍA, Alejandro, Apuntes históricos de Nerja, Vélez-Málaga, 1899.
[6] BUENO GARCÍA, Alejandro, Reseña histórica de la villa de Nerja, Vélez-Málaga, 1907.
[7] Carta de Alejandro Bueno García a Narciso Díaz de Escovar, Nerja, 19-XII-1905. (A)rchivo (D)íaz de (E)scovar, caja 111, doc. 9.12.
[8] BUENO GARCÍA, Francisco., Semblanza de Alejandro Bueno García (¿1960?), ejemplar manuscrito, Nerja, Archivo de la Fundación Francisco Bueno García.
[9] BUENO GARCÍA, Alejandro, Reseña..., pág. 14.
[10] Carta de Alejandro Bueno García a Narciso Díaz de Escovar, Nerja, 8-VIII-1906. A.D.E., caja 111, doc. 9.12.
[11] Carta de Alejandro Bueno García a Narciso Díaz de Escovar, Nerja, 10-IX-1906. A.D.E., caja 111, doc. 9.12.

domingo, 17 de febrero de 2019

Las casillas de peones camineros del término municipal de Nerja



Casilla de peones camineros situada en la carretera N-340, margen izquierda, frente al Ventorrillo del Santo Cristo (Nerja). Foto del autor

Desde el siglo XVIII, uno de los principales problemas que se plantearon en los caminos (posteriormente en las carreteras) construidos fue el de su mantenimiento en condiciones de uso. Este cometido, desde 1762, fue encargado a los camineros, para los que se construyeron casillas en el trozo de camino de una legua que les correspondía mantener; además, desde 1790 tuvieron la condición de guarda jurado para ejecutar y cumplir lo dispuesto en las ordenanzas y reglamentos de policía y conservación de las carreteras. Estos camineros fueron encuadrados en un cuerpo, el Cuerpo de Camineros o de Peones Camineros, reglamentado en distintas disposiciones legales promulgadas a lo largo del siglo XIX y primeras décadas del XX.

El Reglamento para la organización y servicio de los peones camineros de 1867 disponía que debía haber un peón caminero cada 3 km para la vigilancia y conservación de las carreteras del Estado; 15 a 20 km consecutivos formaban un trozo al frente del cual se encontraba un peón capataz encargado de dirigir a todos los peones camineros y auxiliares que operaban en el mismo. Las obligaciones de los peones camineros como guardas y encargados de los trabajos de conservación de las carreteras eran:

“1.º Permanecer en el camino todos los días del año desde que salga el sol hasta que se ponga. 
2.º Recorrer cada dos días todo su trozo para reconocer el estado, del camino, de sus obras de fábrica, paseos y arbolados y de los repuestos de materiales. 
3.º Prevenir los daños que ocasionen los transeúntes, advirtiéndoles lo dispuesto en las ordenanzas o reglamentos de policía, y denunciar a los contraventores. 
4.º Ejecutar los trabajos de conservación que sus jefes le ordenen, bien sea por tarea o en otra forma, sin más descanso que las horas señaladas para almuerzo, comida y merienda. 
5.º Dirigir los trabajos de los peones auxiliares que tenga en su trozo, llevar cuenta de los jornales que devenguen y de los materiales que se vayan acopiando. 
6.º Cuidar de las herramientas, materiales, útiles, armas prendas de vestuario y demás efectos del servicio que existan en su poder dentro de su trozo, procurando su buen uso y conservación. 
7.º Obedecer al peón capataz de la cuadrilla como a su jefe inmediato, en cuanto le prevenga relativo al servicio público”.[1]

Años antes, en 1852, se había publicado un real decreto en el que se disponía que “en las mismas carreteras se construirán para albergue de los peones camineros las casillas que fueren necesarias, sobre la base, por punto general, de que habrá de tener cada una dos habitaciones [...] [ajustándose] a los modelos más sencillos y económicos, bajo un plan de distribucion interior y forma exterior acomodado al objeto”[2]. El 28 de enero de 1859 la Dirección General de Vías Públicas del Ministerio de Fomento aprobó dos modelos de casillas de peones camineros, diseñados por Víctor Martí, Ángel Mayo y Lucio del Valle, que se construirían en las carreteras españolas a partir de entonces. Era este un tipo de vivienda obrera con jardín o huerto, económica, emplazada junto a la carretera, pues la normativa obligaba a los peones residir en su lugar de trabajo. Consistía en una vivienda pareada, pues estaba diseñada para que habitaran dos peones con sus respectivas familias, aunque cada uno de ellos en vivienda propia separada de la otra[3]. Los dos modelos eran idénticos: casillas para peones camineros con entramado de madera; lo que los diferenciaba era el material con que estaban construidos sus muros, que podía ser de ladrillo o combinando ladrillo y adobe en el primero; de ladrillo, mampostería y ladrillo, o adobe y ladrillo en el segundo.


Alzado del Modelo 2º, segunda disposición, de casilla de peones camineros. Proyecto de carretera de segundo orden de Málaga a Almería por Nerja y Motril. A.H.P.M. Carreteras, Sección 1ª, leg. 24.964


La carretera de Málaga a Almería por Vélez-Málaga y Motril (posteriormente se especificaría por Torrox, Nerja, Motril y Adra), cuyo trazado forma parte de la carretera N-340 que une Cádiz con Barcelona, era una carretera de segundo orden (las que unían capitales de provincia entre sí) incluida en el Plan de Carreteras del Estado de 1864. El trazado de la carretera que debía transcurrir por la provincia de Málaga se dividió en tres secciones. La primera iría de Málaga al Tajo del Jaral; la segunda, del Tajo del Jaral a Nerja; y la tercera uniría Nerja con el límite provincial. Las secciones no se proyectaron ni comenzaron a construirse al mismo tiempo y su ejecución se demoró durante varias décadas con modificaciones de los proyectos y continuos replanteos. La carretera ha sido tratada en este blog en dos entradas anteriores: El puente sobre el barranco de Maro (Nerja), bien del patrimonio de la obra pública y Lugar de Memoria Histórica de Andalucía y Los antiguos puentes sobre los ríos Chíllar y Seco de Nerja, a las que remito para lo relativo a los proyectos constructivos de la misma. 


Plano del Modelo 2º, segunda disposición, de casilla de peones camineros. Proyecto de carretera de segundo orden de Málaga a Almería por Nerja y Motril. A.H.P.M. Carreteras, Sección 1ª, leg. 24.964


Las secciones de la carretera que debían transcurrir por el término municipal de Nerja eran parte de la segunda y toda la tercera e incluían cuatro casillas para peones camineros que, siguiendo los diseños generales aprobados unos años antes por la Dirección General de Vías Públicas, fueron proyectadas por el ingeniero Cipriano Martínez, quien firmó los planos y alzados, así como el pliego de condiciones adicionales que deberían regir en la construcción de las casillas, en Málaga, el 20 de marzo de 1865. Se adoptó para ellas el modelo segundo, segunda disposición de la colección oficial, es decir, aquel en que los muros eran de mampostería con aristones y zócalo de ladrillo.


Plano y alzados del Modelo 2º, segunda disposición, de casilla de peones camineros. Proyecto de carretera de segundo orden de Málaga a Almería por Nerja y Motril. A.H.P.M. Carreteras, Sección 1ª, leg. 24.964


Como se ha dicho, eran viviendas pareadas a las que se accedía por una puerta principal que daba a un portal. A ambos lados del portal, sendas puertas situadas a derecha e izquierda daban entrada a las dos viviendas, que constaban de cocina con chimenea y dos dormitorios, uno para la pareja y otro para los hijos. Un pasillo conectaba el portal con el patio trasero de uso común en el que había pozo y retrete y un cobertizo donde podía almacenarse la leña y guardar los útiles de trabajo de los peones. La vivienda doble tenía una superficie de 108,52 m2, incluidas las zonas comunes, y el patio, 68,94 m2, lo que hacía una superficie total de 177,46 m2. Las casillas estaban construidas de mampostería con zócalo y aristones de ladrillo; el techo era de armadura de madera con tablones cubierto con tejas y cielo raso de tablones enlucidos. El pavimento de toda la vivienda era empedrado, de 12 cm de espesor, salvo el de los dormitorios que debía ser de baldosa fina. La carpintería (puertas, todas de doble hoja, y ventanas) se pintaría al óleo en color perla y las rejas en negro. El coste de cada casilla ascendía a 2.400,175 escudos[4].

Las cuatro casillas construidas en el término municipal de Nerja son las siguientes: 

Casilla de peones camineros situada en el p. k. 289+300, margen izquierda de la carretera N-350, frente al hotel Marinas de Nerja. No habitada. Su estado de conservación es malo. Coordenadas geográficas: 36º 44’ 42.17” N y 3º 54’ 06.84” O.


Casilla de peones camineros situada en el p. k. 289+300, margen izquierda de la carretera N-350, frente al hotel Marinas de Nerja (Nerja). Foto del autor

Casillas de peones camineros situada en el p. k. 293+400, margen izquierda de la carretera N-350, frente al ventorrillo del Santo Cristo. No habitada. Regular estado de conservación. Coordenadas geográficas: 36º 45’ 28.94” N y 3º 51’ 46.61” O.


Casilla de peones camineros situada en el p. k. 293+400, margen izquierda de la carretera N-340, frente al Ventorrillo del Santo Cristo (Nerja). Foto del autor

Casilla de peones camineros situada en el p. k. 295+450, travesía urbana, nº 3 de la calle San Miguel de Maro. Habitada. Estado de conservación bueno. Esta casilla ha sido enajenada por Acuerdo de 27 de noviembre de 2008, del Consejo de Gobierno (BOJA del 3 de diciembre de 2018).


Casilla de peones camineros situada en el p. k. 295+450, travesía urbana, nº 3 de la calle San Miguel de Maro. Foto del autor

Casilla de peones camineros situada en el p. k. 299+900, margen derecha de la carretera N-340 (tramo del antiguo trazado). No habitada. Estado de conservación ruinoso. Coordenadas geográficas: 36º 44’ 53.38” N y 3º 48’ 06.57” O.


Casilla de peones camineros situada en el p. k. 299+900, margen derecha de la carretera N-340 (Nerja). Foto del autor




[1]Real orden de 19 de enero de 1867, por la que se aprueba el Reglamento para la organización y servicio de los peones camineros(Gaceta de Madrid del 19 de marzo de 1867).
[2]Real decreto de 25 de junio de 1952 (Gaceta de Madrid del27 de junio de 1952).
[3]ORTUETA HILBERATH, E. de, “Modelos de casillas de peones camineros”, Actas del Tercer Congreso Nacional de Historia de la Construcción, Sevilla-Granada, 2000.
[4]Archivo Histórico Provincial de Málaga, Carreteras, Sección 1.ª, leg. 24.964.

domingo, 6 de enero de 2019

El Centro Giner de los Ríos de Nerja, una construcción escolar del arquitecto José María Santos Rein





J.M.ª Santos Rein. Colegio XXV Años de Paz, 1964-1965, Nerja (actual Centro Cultural y Social Giner de los Ríos). Foto del autor



Recientemente, el diario malagueño Sur publicaba la noticia de la demolición en el mes de enero de 2019 del Centro Giner de los Ríos de Nerja, para construir en su lugar un centro multifuncional, proyecto este que se remonta a diez años atrás[1]. Este inmueble, construido entre 1964 y 1965 y proyectado por el arquitecto José María Santos Rein, fue concebido para colegio y viviendas de maestros, aunque tras su abandono por la comunidad educativa a finales de la década de 1980 fue reutilizado para albergar en él distintas dependencias municipales, como la Biblioteca Pública Salvador Rueda, el Estudio de Pintura infantil, talleres varios, etc., denominándose posteriormente Giner de los Ríos, en reconocimiento al poeta, vecino e hijo adoptivo de Nerja, Francisco Giner de los Ríos Morales (1917-1995). 

Independientemente del valor sentimental que pueda tener para muchos de los nerjeños que durante varias décadas han pasado por sus aulas, o de su impronta en el paisaje urbano de la localidad, este edificio tiene el valor de ser un ejemplar (uno de los primeros, si no el primero) de la modernidad arquitectónica en Nerja. En esta entrada se pretende valorar el edificio a la luz de algunos datos reunidos sobre su construcción, encuadrándolo en la obra arquitectónica de su autor.

A comienzos de la década de 1960 la población escolar de la localidad de Nerja estaba distribuida en aulas de niños o de niñas, masificadas, dispersas y situadas en distintos puntos, ocupando generalmente locales inadecuados desde el punto de vista pedagógico, por cuyo alquiler el ayuntamiento debía satisfacer determinadas sumas cada año. Desde la década anterior se estaba produciendo una expansión urbana con la construcción de viviendas de tipo social y el planeamiento de la primera urbanización residencial de carácter turístico. A partir de 1959, tras el descubrimiento y apertura al público de la Cueva de Nerja, se inició la llegada del turismo a gran escala, lo que llevó aparejado un crecimiento de la construcción de iniciativa privada, la atracción de mano de obra y, en consecuencia, la demanda de servicios e infraestructuras de tipo social, como los educativos. Es en este contexto en el que hay que situar la construcción del edificio que nos ocupa.


J.M.ª Santos Rein. Colegio XXV Años de Paz, 1964-1965, Nerja (actual Centro Cultural y Social Giner de los Ríos). Foto del autor 


Para atender la necesidad de infraestructuras educativas acordes con la situación demográfica de Nerja, el 25 de febrero de 1961 la Corporación municipal se propuso solicitar a la Junta Provincial de Construcciones Escolares la construcción de un grupo escolar de doce aulas, seis de niños y seis de niñas, por el sistema de “aportación municipal”, contando para ello con una casa adquirida en la entonces plaza de los Mártires (actual plaza de Cavana) para cuatro aulas allí instaladas; esta modalidad contemplada en la ley implicaba la aportación por el ayuntamiento de los solares precisos, así como un porcentaje del coste de la obra que era mayor o menor según el número de habitantes del municipio. El 31 de octubre de dicho año el ayuntamiento propuso la inclusión del grupo escolar de doce aulas y doce viviendas para maestros en el Plan de Construcciones Escolares de 1962, plan en el que sería inicialmente incluido, aunque el inicio de su construcción se demoraría un año. Además del solar, el ayuntamiento aportó la suma de 802.806,68 pesetas que obtuvo de la venta de terrenos de propiedad municipal en la zona del denominado Tablazo, consignadas en una partida de gastos de un presupuesto extraordinario que se formó con los ingresos de dichas ventas[2]. En enero de 1963 se demolió el citado inmueble del Grupo Escolar de Niñas en el n.º 1 de la plaza de los Mártires y en enero de 1964 se acordó la demolición de la casa n.º 11 de la plaza, adquirida por el ayuntamiento también y destinada a completar la superficie del solar necesario para el nuevo grupo escolar. El grupo se edificó a lo largo del año 1964 y 1965, requiriendo de un proyecto adicional, pues inicialmente carecía de determinados servicios. Entró en funcionamiento en septiembre de 1965 con la denominación Colegio XXV Años de Paz, tal como había acordado el Pleno municipal del 23 de noviembre de 1964, año en que se cumplían los veinticinco del fin de la Guerra de España (en 1983, este nombre sería sustituido por el de Maestro Joaquín Herrera Álvarez)[3]. Esta intervención ocasionó la modificación del trazado urbano de Nerja, al abrirse una nueva calle que conectaba la plaza de los Mártires con la actual avenida de Castilla Pérez (parcialmente, antigua calle de la Torna), que fue conocida entonces como calle Transversal, aunque posteriormente, en 1967, se la nombró José Marqués Íñiguez, en aquellos momentos presidente de la Diputación de Málaga, para, al año siguiente y a petición de este, cambiarse por el de Diputación Provincial, denominación que se mantiene en la actualidad[4].

El 18 de diciembre de 1965 se acordó su incorporación al inventario del patrimonio municipal, con la siguiente descripción:

“Finca urbana destinada a grupo escolar, denominado ‘XXV Años de Paz’, sita en la plaza de los Mártires, señalada con el n.º 20, compuesta de dos edificios construidos sobre un solar de propiedad municipal, de forma irregular, que mide 1.180 metros cuadrados de superficie aproximadamente, y que limita por la derecha entrando con edificio propiedad de D.ª Dolores Ruiz Ortega, espalda con finca de D. Manuel Atencia Jurado y D. Miguel Ruiz Cabalín; por la izquierda con finca de D. Manuel García Ávila y hermanos, y por delante desde el lateral izquierdo con una longitud de 27,98 metros con edificio de D. José Ortega Melero. El primer edificio, compuesto por tres plantas, está construido sobre una superficie de 486 metros cuadrados y alberga 12 escuelas y 6 viviendas para maestros; y el segundo, que consta de otras tres plantas, está construido sobre una superficie de 158 metros cuadrados y alberga otras seis viviendas para maestros. El resto del solar de 526 metros, una vez deducidas las edificaciones, se destina a campo escolar. Es de uso público y su valor se cifra en 5.194.033,42 pesetas.”[5]


J.M.ª Santos Rein. Colegio XXV Años de Paz, 1964-1965, Nerja (actual Centro Cultural y Social Giner de los Ríos). Foto del autor


El edificio principal, orientado al sur, se compone de dos módulos de planta rectangular, unidos por el hueco de escaleras, el de la derecha retranqueado con respecto al de la izquierda; el acceso a las aulas y a las viviendas establecidas en él se realiza a través de galerías abiertas en voladizo, sin apear en soportes y ancladas en la estructura, protegidas por baranda de hierro con barandales lisos y sin adornos. Los materiales utilizados son el hormigón y el ladrillo, tanto enfoscado como visto, y las aulas disponen de un gran ventanal acristalado y puerta de entrada abiertos en la fachada principal, y ventanas elevadas en los muros testeros; las cubiertas son de teja, a dos aguas. En todo el conjunto, así como en sus distintos elementos, dominan la horizontalidad, la línea recta y el ángulo, convirtiéndolo en un edificio abierto y funcional en el que se utiliza el vocabulario arquitectónico propio del Movimiento Moderno, incorporando una racionalización del espacio, la modulación repetitiva y elementos seriados. 


J.M.ª Santos Rein. Colegio XXV Años de Paz, 1964-1965, Nerja (actual Centro Cultural y Social Giner de los Ríos). Foto del autor


El autor del grupo escolar fue José María Santos Rein, quien formaba parte de la hornada de arquitectos que, a finales de la década de 1950, introdujo una nueva concepción de arquitectura en la provincia de Málaga, abandonando el lenguaje utilizado en las construcciones del período autárquico, caracterizado por un estilo neoimperial, para conectar con la arquitectura desarrollada en los años treinta en España por los arquitectos del GATEPAC y cercenada por la guerra, la vanguardia y la modernidad, impulsados por los vientos que soplaban en la Costa del Sol con la llegada del turismo de masas, especialmente europeo. En la década de 1960 Santos Rein ejerció como arquitecto de construcciones escolares, encargándose de proyectos en distintas localidades de la provincia. Además del grupo que estamos tratando, en 1969, proyectó para Nerja otro grupo escolar de dieciséis unidades y dieciséis casas para maestros que debería haberse construido en la urbanización Bella Atalaya, aunque no llegó a ejecutarse. También proyectó otro grupo y casas para maestros en Alfarnate sobre el que ha investigado y publicado recientemente Sergio Romero Bueno[6].

En otro campo, Santos Rein fue el autor de los proyectos de distintas barriadas de la ciudad de Málaga, como la del 26 de Febrero (1959), La Virreina (1960), en colaboración con Juan Jauregui Briales, la de la Sagrada Familia (1961-1968), donde utilizó las viviendas en hilera y una versión propia de bloque en H.

En colaboración con Alberto López Palanco realizó la Iglesia de la Asunción (1960), en Cruz del Humilladero de Málaga y el Hotel Don Carlos de Marbella (1967), edificio brutalista sobre pilotis de hormigón, inspirado en Le Corbusier; y en solitario, el Hotel y apartamentos Castillo de Santa Clara (1971-1974), entre las playas de La Carihuela y El Bajondillo, y  el Hotel Don Miguel (1974) de Marbella, formando parte algunas de sus obras del denominado estilo del Relax, al que el artista Diego Santos y el historiador del arte Juan Antonio Ramírez adscribieron y a las que Tecla Lumbreras denominó “modernas joyas de la ‘civilización del ocio’, a veces menospreciadas”[7].

Suyos son, también, los edificios anejos a la Cueva de Nerja, construidos a principios de la década de 1960, cuando se decidió abrir al público la cavidad.


J. M.ª Santos Rein. Cafetería-Restaurante de la Cueva de Nerja a principios de los años 60. Foto cortesía del Museo de Nerja 



J.M.ª Santos Rein y A.López Palanco. Hotel Don Carlos, 1967, Marbella. Foto: ARQYESTUDIO, 2006. Fuente: Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico 




[1]Sur, 31 de diciembre de 2018.
[2](A)rchivo (M)unicipal de (N)erja. Libro de Actas municipales de 1961, sesiones del 25 de febrero y del 31 de octubre, y del 1962, sesión del 15 de diciembre.
[3]A.M.N. Libro de Actas municipales de 1963, sesiones del 22 de enero y del 20 de mayo, y de 1964, sesiones del 22 de enero y del 23 de noviembre.
[4]A.M.N. Libro de Actas municipales de 1967, sesión del 20 de julio, y de 1968, sesión del 18 de enero.
[5]A.M.N. Libro de Actas municipales de 1965, sesión del 18 de diciembre.
[6]ROMERO BUENO, S., “Grupo escolar de Alfarnate (Málaga): colegio y casas para maestros de José María Santos Rein”, Boletín de Arte, n.º 36, 2015, págs. 165-175.
[7]Véase la presentación de Tecla Lumbreras Krauel en SANTOS, D., y otros, El Relax expandido, Málaga, 2010; también, URRUTIA, A., Arquitectura española siglo XX, Madrid, 2003, y GAVILANES, J., y LACOUR, J., Arquitectura y urbanismo del siglo XX 2. Del paisaje a la nueva urbe, en CAMACHO MARTÍNEZ, R. (coord.), Historia del Arte de Málaga, vol. 19, Málaga, 2011.